Nissan está en modo sobrevivencia: Verenisse Ruiz Sánchez, líder de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México.
En Aguascalientes, Nissan no reparte utilidades, el sindicato negocia bono de garantía para trabajadores.
– Edilberto Aldán.
La dirigencia de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) confirmó que los trabajadores sindicalizados de Nissan en Aguascalientes recibirán un bono equivalente a 25 días de salario, en sustitución del reparto de utilidades que la empresa no entregará este año.
El pago, establecido en el contrato colectivo, se realizará en la semana previa al 10 de mayo y alcanzará a alrededor de 8 mil trabajadores activos. Quedan fuera los empleados de confianza y quienes no se encuentren en activo. El anuncio, sin embargo, no desactiva el conflicto, por el contrario, lo evidencia.
“Me sumo a las inconformidades de los trabajadores”, afirmó la líder estatal de CATEM, Verenisse Ruiz Sánchez, al tiempo que subrayó que el reparto de utilidades no es una obligación, es un derecho. La declaración coloca al sindicato en una posición peculiar: respalda el malestar, pero al mismo tiempo ofrece como respuesta un mecanismo ya previsto en el contrato.
La organización sindical informó que ha solicitado al SAT y a la Secretaría del Trabajo una revisión a las finanzas de la empresa. Las autoridades deberán responder en un plazo de diez días y, en caso de encontrar inconsistencias, notificar al sindicato.
El mensaje es claro: hay dudas, pero también hay contención. Mientras se cuestiona la ausencia de utilidades, se descarta cualquier medida que pudiera escalar el conflicto. Sobre una eventual huelga, Ruiz Sánchez fue tajante: “Las huelgas se hacen con trabajo… si paramos la línea, perdemos”, así, la tensión queda encapsulada: inconformidad reconocida, revisión solicitada, pero sin ruptura.
En medio, un bono que funciona más como amortiguador que como solución.
Modo sobrevivencia: la crisis y lo que no termina de cuadrar
La explicación del sindicato para la falta de utilidades apunta a un contexto adverso. “Nissan está en modo sobrevivencia”, dijo Ruiz Sánchez, al describir un escenario marcado por pérdidas millonarias, caída en la producción, cierre de plantas y despidos.
Entre los factores señalados aparecen los aranceles impulsados por Donald Trump, la presión del mercado global y la creciente competencia de las automotrices chinas. “Los chinos llegan, venden y se desaparecen”, diagnosticó, lo que abre más preguntas de las que cierra.
¿Cómo se explica que una de las principales armadoras en ventas no reporte utilidades? ¿Se trata de una crisis real o de una reconfiguración financiera cuyos efectos recaen en los trabajadores? ¿Dónde termina el argumento económico y dónde comienza la estrategia corporativa? El propio sindicato admite que no tiene certezas. “No tenemos garantía de nada”, reconoció su dirigente al ser cuestionada sobre posibles recortes de personal.
La revisión solicitada al SAT y a la Secretaría del Trabajo podría ofrecer algunas respuestas. O no, dependerá no sólo de lo que encuentren, sino de lo que las oficinas del Gobierno Federal estén dispuestos a decir. Mientras tanto, el sindicato opta por una ruta conocida: administrar la tensión sin romperla.
Salud, seguridad, transporte, educación, demandas de los trabajadores
En este contexto, la convocatoria al desfile del 1 de mayo adquiere otro sentido. Lo que en otros años ha derivado en una celebración diluida, más cercana al festejo que a la protesta, es ahora presentado como un espacio para que “el colaborador hable” y exprese sus demandas: Salud, seguridad, transporte, educación; y aunque no se diga de forma explícita, utilidades.
CATEM asegura que sus más de 22 mil agremiados están invitados a participar en el desfile, “los que quieran”. No hay obligación, pero sí una intención: trasladar la inconformidad del terreno laboral al espacio público. No contra la empresa, al menos no directamente, sino hacia el gobierno. Porque si algo quedó claro en la conferencia es que el conflicto no escalará en la planta, pero sí puede hacerlo en la calle.
Por ahora, el bono está garantizado. Veinticinco días de salario como piso mínimo frente a la ausencia de utilidades. Una cifra concreta en medio de muchas incertidumbres.
Falta saber qué dirán las autoridades tras la revisión solicitada. Falta ver si la empresa responde más allá del contrato. Falta escuchar a los trabajadores fuera del discurso sindical. Sobre todo queda pendiente observar qué ocurre cuando la inconformidad deje de administrarse en conferencias de prensa y se exprese, si es que lo hace, en el espacio público y frente a la gobernadora Teresa Jiménez.
Entre el “modo sobrevivencia” y el “en
Aguascalientes no lloramos” hay una zona gris en la que todo está por resolver y las tensiones aumentan, justo donde empieza el verdadero conflicto.
