Ciudad de México, 3 de agosto de 2026.- La relocalización de cadenas de suministro, conocida como nearshoring, continúa transformando el mapa industrial de México. Aunque los estados del norte mantienen el liderazgo en la captación de inversiones manufactureras, el Gobierno federal apuesta por ampliar ese fenómeno hacia el sur-sureste mediante nuevos polos de desarrollo, infraestructura logística y la consolidación del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT).
La estrategia responde a una tendencia que comenzó tras las disrupciones globales provocadas por la pandemia, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y los conflictos geopolíticos que han encarecido el transporte marítimo. En ese contexto, numerosas empresas buscan producir más cerca de su principal mercado de consumo para reducir costos, disminuir riesgos logísticos y fortalecer sus cadenas de suministro.
México mantiene ventajas competitivas
La ubicación geográfica, la integración comercial con Estados Unidos y Canadá a través del T-MEC, así como una amplia base manufacturera, mantienen a México entre los destinos más atractivos para la relocalización industrial.
Con el objetivo de acelerar esa tendencia, el Gobierno federal ha implementado mecanismos para simplificar autorizaciones de inversión y promover nuevos parques industriales. De acuerdo con información oficial, actualmente operan cientos de parques industriales en el país y continúan desarrollándose nuevos complejos para atender la demanda de empresas nacionales y extranjeras. Asimismo, se han impulsado los Polos de Desarrollo para el Bienestar (PODEBIS), concebidos para atraer industrias estratégicas y generar empleo en regiones con menor crecimiento económico.
El Corredor Interoceánico busca cambiar la geografía económica
Uno de los proyectos centrales de esta estrategia es el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
Más que una obra ferroviaria, el CIIT se plantea como una plataforma logística multimodal que integra puertos, ferrocarril, carreteras y parques industriales para conectar los océanos Pacífico y Atlántico. La meta es convertir al sur de México en un nodo de manufactura, distribución y comercio internacional, reduciendo la histórica brecha de desarrollo respecto del norte del país.
En las últimas semanas, el corredor registró un nuevo avance con el segundo traslado interoceánico de vehículos realizado por Hyundai Glovis. La operación movilizó alrededor de tres mil automóviles desde Salina Cruz hasta Coatzacoalcos para su posterior exportación hacia la costa este de Estados Unidos, un volumen superior al de la primera prueba comercial realizada en 2025.
Para especialistas en logística, este tipo de operaciones representa una señal de que el corredor comienza a ganar confianza entre empresas internacionales, especialmente para mercancías de alto valor o sensibles al tiempo de entrega.
Una oportunidad con desafíos
A pesar del potencial del nearshoring, diversos analistas coinciden en que la llegada de inversiones dependerá no solo de la infraestructura, sino también de factores como la certeza jurídica, la disponibilidad de energía, el capital humano, la seguridad pública y la eficiencia aduanera.
La propia plataforma oficial de promoción de inversiones reconoce que la estrategia requiere fortalecer la conectividad, agilizar trámites y vincular a universidades con las necesidades de la industria para garantizar mano de obra especializada.
Además, la competencia regional continúa siendo intensa. Estados del norte como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Baja California mantienen una posición privilegiada gracias a su cercanía con la frontera estadounidense y a la presencia de cadenas de suministro consolidadas.
Más allá de la manufactura
El nearshoring no solo representa la instalación de nuevas fábricas. También impulsa inversiones en puertos, centros logísticos, transporte ferroviario, almacenamiento, energía, servicios tecnológicos y capacitación laboral.
En ese contexto, el Gobierno federal impulsa proyectos complementarios para fortalecer la infraestructura estratégica del país. Entre ellos destacan la ampliación del Puerto de Progreso, en Yucatán, y la integración logística del Corredor Interoceánico con instalaciones energéticas y ferroviarias, buscando convertir al sur-sureste en una plataforma de comercio internacional.
Una carrera de largo plazo
La relocalización industrial no se resolverá en uno o dos años. Se trata de un proceso que redefinirá la competitividad de América del Norte durante la próxima década.
Para México, el desafío consiste en transformar el interés de las empresas en inversiones permanentes, generación de empleo y desarrollo regional. Si los proyectos logísticos, industriales y de infraestructura mantienen su ritmo de consolidación, el país podría fortalecer su posición como uno de los principales centros manufactureros del continente y aprovechar una de las mayores oportunidades económicas surgidas tras la reorganización de las cadenas globales de suministro.
