Ciudad de México, 13 de septiembre de 2026.- Después de permanecer cerca de siete años privados de la libertad, Ulises y Gerardo, conocidos artísticamente como Tony Pecas y Tamborín, recuperaron su libertad tras un proceso penal por el presunto intento de secuestro de una menor en Nezahualcóyotl, Estado de México, un caso marcado por inconsistencias y cuestionamientos sobre la valoración de las pruebas.
La liberación de ambos fue dada a conocer el 10 de septiembre por Penitencia, proyecto encabezado por Saskia Niño de Rivera, que durante los últimos años difundió el caso y documentó diversos elementos que ponían en duda la acusación formulada contra los dos trabajadores del entretenimiento.
La historia comenzó en mayo de 2019. Ulises y Gerardo se dedicaban a realizar espectáculos infantiles y habían acudido a Nezahualcóyotl para trabajar en un evento.
De acuerdo con la reconstrucción posterior del caso, ambos salieron momentáneamente del lugar donde realizarían su espectáculo y durante ese trayecto fueron señalados como presuntos responsables de intentar llevarse a una menor.
El señalamiento desencadenó su detención y posteriormente un proceso penal que los mantuvo encarcelados durante casi siete años.
La cobertura periodística realizada en mayo de 2019 confirma que tres hombres vestidos de payaso fueron detenidos inicialmente por policías municipales de Nezahualcóyotl. Dos de ellos eran Ulises y Gerardo. Un tercer hombre fue puesto en libertad luego de que no fuera reconocido por las denunciantes.
Las pruebas que pusieron en duda la acusación
Con el paso de los años, familiares, defensores y organizaciones que revisaron el expediente comenzaron a señalar inconsistencias en la investigación.
Entre los elementos difundidos por Penitencia se encuentra un contrato que acreditaba que Ulises y Gerardo tenían un espectáculo programado aquel día, además de videos relacionados con sus actividades y desplazamientos.
Según la revisión divulgada por el proyecto, parte del material audiovisual fue sometido a peritajes que determinaron que las imágenes no habían sido manipuladas.
Otro punto controvertido fue la identificación de los acusados. La reconstrucción del expediente difundida por Penitencia señala que uno de los reconocimientos habría sido realizado desde aproximadamente 250 metros de distancia y alrededor de las ocho de la noche.
También se cuestionó la mecánica de los hechos descrita en la acusación, según la cual una menor habría sido subida a una motoneta, desplazada apenas unos metros y posteriormente bajada.
A ello se sumó la detención del tercer hombre vestido de payaso, quien finalmente fue liberado, circunstancia utilizada por quienes revisaron posteriormente el expediente para cuestionar la forma inicial de identificación de los sospechosos.
De las redes sociales a la revisión pública del expediente
El caso adquirió mayor notoriedad nacional después de que Penitencia difundiera en mayo de 2024 la historia de Ulises y Gerardo.
En abril de 2026, Saskia Niño de Rivera volvió a colocar el expediente en la conversación pública y sostuvo que ambos permanecían encarcelados pese a las pruebas e inconsistencias que, desde la perspectiva de quienes revisaron el proceso, demostraban que no habían cometido el delito.
El expediente fue analizado también dentro de un trabajo realizado con La Cana y Proyecto Inocencia, según información difundida por Penitencia.
Todavía el 6 de septiembre, cuatro días antes de conocerse su liberación, el proyecto publicó un episodio dedicado nuevamente al caso bajo el título Los Payasitos: la justicia que no ha llegado, en el que expuso las contradicciones encontradas durante la revisión del proceso.
Cuatro días después llegó la noticia esperada por sus familias: Ulises y Gerardo recuperaban su libertad.
Un caso que vuelve a poner bajo escrutinio al sistema de justicia
La historia de Tony Pecas y Tamborín trasciende el episodio particular de dos trabajadores del entretenimiento.
El caso vuelve a plantear preguntas sobre la calidad de las investigaciones ministeriales, la identificación de sospechosos, la valoración de pruebas de descargo y las consecuencias que puede tener una acusación cuando las autoridades desarrollan una investigación orientada desde el principio hacia determinados sospechosos.
También obliga a revisar el papel de los medios de comunicación. Las primeras informaciones de 2019 presentaron el caso a partir de la versión policial y de las denunciantes, cuando el procedimiento apenas comenzaba y los detenidos conservaban jurídicamente la presunción de inocencia.
Siete años después, la libertad de Ulises y Gerardo obliga a mirar nuevamente aquellas primeras versiones.
Su historia representa, además, el costo humano que puede tener un proceso penal prolongado: años de libertad perdidos, familias afectadas, reputaciones destruidas y proyectos de vida interrumpidos.
El caso todavía deja preguntas pendientes, entre ellas las razones jurídicas específicas que determinaron finalmente su liberación y las eventuales responsabilidades o mecanismos de reparación que pudieran derivarse del proceso.
Lo que ya está confirmado es que Ulises y Gerardo salieron de prisión el 10 de septiembre de 2026, después de permanecer cerca de siete años encarcelados por un caso cuya investigación y pruebas fueron cuestionadas durante años por sus defensores y organizaciones civiles.
La libertad llegó. Los siete años, sin embargo, no pueden devolverse.
