Vladimir Guerrero

// 00. El “exploit” de la transparencia:
En la cultura Cyberpunk y en el universo del software libre hay una máxima inquebrantable: la seguridad por oscuridad no sirve. Durante años, la burocracia dorada de las universidades públicas encontró la forma perfecta de cumplir con las leyes de transparencia dándole la vuelta al ciudadano: subir a la Plataforma Nacional de Transparencia sábanas de Excel kilométricas, ilegibles y enterradas detrás de quince clics burocráticos para que nadie en su sano juicio pudiera descifrar el jeroglífico.
Pero esta semana, al más puro estilo de fsociety en “Mr. Robot”, a los señores feudales de la educación en Aguascalientes se les apareció el diablo en forma de seis estudiantes, un repositorio de código abierto en GitHub y una firma criptográfica SHA-256… Y así, sin marchas, sin tomar edificios y sin pedirle permiso a ningún partido político, este grupo de alumnos lanzó la plataforma “¿Cuánto gana mi profe?”, un buscador limpio y auditable que desnuda, peso por peso, lo que nos cuesta mantener a la alta burocracia universitaria. Y, por supuesto, el epicentro del sismo fue nuestra máxima casa de estudios.
// 01. El Club de los 250 mil (Autonomía para cobrar, austeridad para enseñar):
Los números son tan escandalosos que no caben en ningún boletín oficial de prensa. De hecho, al momento de escribir estas líneas, solo un periodista tuvo el valor de sacar la nota (un gran saludo para Leo Márquez de El Heraldo); los demás medios en Aguascalientes decidieron callar e ir a regar su macetita de chayote, como en los viejos tiempos del partido tricolor. Mientras en los pasillos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes el discurso de este año ha estado marcado por el dolor de cabeza del supuesto “Plan de Austeridad y Ahorro” (donde recortaron horas extras a los trabajadores, congelaron viáticos y limitaron salidas académicas bajo la premisa de que “ya no hay dinero”), la plataforma estudiantil destapó la cloaca: el rector Juan Carlos Arredondo percibe un sueldo bruto mensual de $253,364.08 pesos ($168,113.61 netos). Es decir, gana sesenta mil pesos brutos más al mes que la mismísima Presidenta de la República, pasándose por el arco del triunfo el Artículo 127 Constitucional (que en su fracción II prohíbe que cualquier servidor público de un organismo autónomo gane más que el titular del Ejecutivo Federal), escudándose siempre en una interpretación muy conveniente de la autonomía universitaria.
A su lado desfila la corte real: la Dirección de Finanzas ($183,918.20 brutos) y la Secretaría General, donde su titular cobra $170,433.72 cada treinta días, respaldado por una flamante aprobación estudiantil del 13% en la plataforma. Eso sin contar lo que es un secreto a voces en los pasillos universitarios: los bonos discrecionales, las compensaciones extraordinarias que no se transparentan a detalle, los gastos de representación y los aguinaldos dorados de nuestros “funcionarios de primer nivel”.
La simulación raya en el absurdo gótico: llevan todo el semestre dejando las luces de la torre administrativa prendidas por la noche para fingir desde Avenida Universidad que la cúpula “trabaja día y noche”, cuando en la comunidad universitaria todos sabemos que pasadas las 3:30 de la tarde ya no queda un alma en el 95% de esos escritorios.
Todo eso y muchas cosas más para taparle el ojo al macho y justificar sueldos exorbitantes en una universidad pública que sigue sin figurar en la élite de los grandes rankings internacionales de excelencia e investigación, y que cada vez pierde más terreno académico…
// 02. La limosna del GoFundMe vs. La casta zángana:
Hace unas semanas, con el descaro propio de quien vive en una realidad paralela y totalmente alterada, las autoridades universitarias lanzaron la campaña “Ningún gallo se queda atrás“, saliendo a pedirle coperacha a la sociedad de Aguascalientes a través de un GoFundMe para juntar $558,000 pesos y becar a 31 estudiantes foráneos con $18,000 pesos cada uno; pero aquí está la matemática exacta que les revienta el discurso: tan solo un mes de sueldo bruto de tres personas (el Rector, la Directora de Finanzas y el Secretario General, que juntos nos cuestan $607,716.00 pesos mensuales) bastaba para pagar las 31 becas completas y todavía sobraban $49,716 pesos. Ojo, no estoy en contra del fin último de la campaña… solo me parece ridículo que, mientras los funcionarios de “primer nivel” de la UAA ganan entre 132 mil y 253 mil pesos brutos al mes, salgan a pedir coperacha ciudadana porque la institución “no tiene lana” para becas.
Citando al único e inigualable Pedro Ferriz Santa Cruz, la pregunta de los 64 mil pesos es: ¿Por qué no les bajamos el sueldo a estas personas? En vez de asignarse un tabulador de magnates, todos los funcionarios de primer nivel de la UAA deberían regirse bajo el esquema de los Jefes de Departamento académicos: su sueldo tabulado de maestro, más un 25%. En este caso, para Decanos y Directores Generales, un 30% de sobresueldo sobre su plaza docente, y para el Rector y Secretario General, un 35%. Con este esquema, la máxima casa de estudios de Aguascalientes se ahorraría, bajita la mano y contando prestaciones, cerca de 23 millones de pesos al año… el equivalente a más de 1,200 becas estudiantiles como las que salieron a mendigar, sin pedirle un solo peso extra a la ciudadanía que ya paga sus sueldos con impuestos.
Diecisiete funcionarios de “primer nivel” en la UAA nos cuestan hoy alrededor de $2.63 millones de pesos brutos cada mes. Si cobraran como académicos de carrera con un sobresueldo proporcional por su encargo (como lo planteamos en el párrafo anterior), la universidad ahorraría cerca de $1.63 millones de pesos mensuales en nómina directa. En menos de 11 días de ese ahorro colectivo, la UAA junta los $558 mil pesos que salió a pedir en GoFundMe.
Los números no mienten ni tienen ideología, por más que incomoden en los pisos altos de la Torre Académica. En los pasillos de la UAA el discurso oficial de esta semana es llorar porque “la nómina y las pensiones ya no aguantan más”; para los alumnos que piden equipo o laboratorios, la respuesta es que no hay recursos. Para los más de 330 millones de pesos que se esfumaron en esquemas financieros fraudulentos e inversiones de riesgo —herencia que sigue sin cuentas claras ni castigos ejemplares y quedó como promesa de campaña y atole con el dedo—, hubo silencio institucional. Pero para los funcionarios de “primer nivel”, la chequera goza de cabal salud. Y sí, probablemente alguien dirá: “El sueldo está bien porque trabajan todo el día y es una friega ser Rector, Decano o Director”… Pues sí, pero les aseguro que, si ajustamos el sueldo de estos puestos a la realidad académica, garantizaremos que en las siguientes elecciones solo las personas con verdadera vocación de servicio por la UAA busquen ser nuestras autoridades, al contrario de muchos de los que tenemos hoy, que están ahí porque el botín salarial es sumamente atractivo.
// 03. Cuando los alumnos educan a su Rector:
Hace veinte años, la universidad de nuestra época tenía sus broncas, pero conservaba un espíritu crítico, aglutinaba subculturas, defendía espacios y respiraba vida académica de verdad. Hoy, la torre de rectoría parece un corporativo de medio pelo donde lo único que se produce en serie es burocracia y blindaje político.
Incluso intentan aplicar la vieja escuela del terrorismo laboral y el amasiato jurídico contra los profesores y trabajadores incómodos (como los injustificados despidos en diferentes áreas y los bloqueos en concursos de oposición… ejem, ejem), argumentando con soberbia que su normatividad interna está por encima de la Constitución (no, no estoy inventando: a un servidor, en el área jurídica, la secretaría general y la contraloría se lo sostuvieron en la cara).
Pero se les olvidó un detalle clave en su era de simulación corporativa: los alumnos y maestros de hoy cada vez tenemos más herramientas y somos más críticos.
“Ningún reglamento estudiantil está por encima de la Constitución. Los datos públicos son hechos para leerse”.
Es el manifiesto de este grupo de estudiantes que no “hackearon” nada. Al contrario: nos regalaron las gafas oscuras de John Carpenter en “They Live” para ver la realidad detrás de la propaganda institucional. Hicieron un script automatizado en código abierto que descarga las sábanas de Excel horribles e ilegibles que las universidades suben a la Plataforma Nacional de Transparencia (Artículo 65, fracción VII de la Ley General vigente), les calcula una huella criptográfica SHA-256 (para demostrar matemáticamente que no alteraron ni un solo peso) y las convierte en un buscador limpio, rápido y público donde, además, los alumnos pueden votar si el funcionario o profe desquita el sueldo… Todo esto desde el sitio https://cuantoganamiprofe.sebhdz.com/
La lección de esta semana es demoledora para el virreinato del piso 11: podrán controlar las comisiones, maquillar boletines, generar “convenios” con los medios (cosa que antes no pasaba y en esta administración, mágicamente regresaron) y esconder compensaciones, pero contra el código abierto y la realidad económica no hay blindaje que aguante.
Sigamos proyectándonos en luz… aunque a la casta dorada le moleste.
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@kazyel2.0
