Ciudad de México, 2 de agosto de 2026.- Lo que comenzó como una expresión para describir a hijos de artistas y empresarios con acceso privilegiado al éxito, hoy forma parte del vocabulario político internacional. Los llamados nepobabies —personas cuya carrera se ve impulsada por su parentesco con figuras de poder— ocupan cada vez más espacios en los gobiernos, congresos y partidos políticos de América Latina.
En México, el debate ha cobrado mayor relevancia debido a la reciente reforma constitucional en materia de nepotismo electoral, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, así como por las disputas internas que ha provocado en diversos partidos de cara a las elecciones de 2027.
El poder de un apellido
En términos estrictos, ser hijo o familiar de un político no constituye un acto de nepotismo. El problema aparece cuando el parentesco facilita el acceso a candidaturas, cargos públicos o posiciones de liderazgo partidista en detrimento de procesos competitivos y basados en méritos.
De acuerdo con especialistas en instituciones democráticas, las dinastías políticas reducen la renovación de las élites, concentran el poder y fortalecen redes clientelares, aunque también existen casos de descendientes que han construido trayectorias propias mediante elecciones competitivas.
México: el debate está más vivo que nunca
El tema adquirió una dimensión inédita después de que el Congreso aprobara la reforma constitucional que prohíbe la sucesión inmediata de familiares en cargos de elección popular. La modificación entrará en vigor para los procesos electorales federales y locales a partir de 2030, aunque Morena anunció que buscaría aplicar internamente criterios más estrictos desde las elecciones de 2027.
Sin embargo, la discusión continúa porque varios aspirantes pertenecen a familias con amplio poder político.
Entre los casos más comentados destacan:
- Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”), hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Su ascenso dentro de Morena reavivó el debate sobre la influencia de los vínculos familiares, aunque durante 2026 perdió posiciones relevantes dentro de la estructura partidista tras un proceso de reacomodo impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
- La familia Monreal, en Zacatecas, continúa siendo uno de los ejemplos más citados de concentración familiar del poder. Ricardo Monreal ha sido gobernador, senador y coordinador legislativo; David Monreal es gobernador del estado, mientras Saúl Monreal ha manifestado su intención de competir por la gubernatura, situación que se convirtió en uno de los principales casos mencionados durante la discusión sobre la reforma antinepotismo.
- La familia Salgado, en Guerrero, permanece como otro caso emblemático. Evelyn Salgado gobierna la entidad tras la cancelación de la candidatura de su padre, Félix Salgado Macedonio, en 2021.
- Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, ha sido objeto de cuestionamientos por la presencia de otros integrantes de su familia en distintas responsabilidades públicas, aunque cada nombramiento responde jurídicamente a procedimientos distintos.
- También permanecen como referentes históricos las familias Murat, Del Mazo, Moreira, Yunes, Beltrones, Colosio, Mouriño, Calderón-Zavala y numerosos grupos regionales que durante décadas han alternado cargos públicos.
El fenómeno atraviesa a todos los partidos
Aunque Morena concentra actualmente la mayor atención mediática por ser el partido gobernante, las dinastías políticas existen prácticamente en todas las fuerzas políticas mexicanas.
PRI, PAN, PVEM, PT y Movimiento Ciudadano cuentan con legisladores, alcaldes, gobernadores o dirigentes provenientes de familias con varias generaciones en la política nacional o estatal.
Para organizaciones dedicadas al estudio de la democracia, el fenómeno responde más a una cultura política de reproducción de élites que a la ideología de un partido específico.
América Latina: una constante regional
La región ofrece numerosos ejemplos de apellidos que siguen siendo determinantes en la competencia política.
Entre ellos destacan:
- Máximo Kirchner, en Argentina, hijo de los expresidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
- Keiko Fujimori, figura central de la política peruana e hija del expresidente Alberto Fujimori.
- Carolina Mejía, alcaldesa de Santo Domingo e hija del expresidente Hipólito Mejía, en República Dominicana.
- Miguel Uribe Turbay, senador colombiano y miembro de una de las familias políticas más influyentes del país.
- En Centroamérica también persisten estructuras familiares con fuerte presencia en gobiernos nacionales y locales, especialmente en Nicaragua y Honduras, donde organismos internacionales han documentado procesos de concentración del poder político.
¿La reforma resolverá el problema?
La reforma constitucional mexicana representa el primer intento de alcance nacional para impedir que familiares directos hereden de manera inmediata cargos de elección popular. No obstante, especialistas advierten que la medida tiene limitaciones.
La prohibición no elimina la influencia política de los apellidos, ni impide que hijos o familiares compitan en elecciones cuando cumplen los requisitos constitucionales; busca evitar únicamente la sucesión inmediata entre determinados vínculos familiares en los supuestos previstos por la Constitución.
Además, las tensiones generadas dentro del oficialismo y entre partidos aliados muestran que la aplicación práctica de la reforma será uno de los principales temas rumbo a los comicios intermedios de 2027.
Un debate que trasciende los apellidos
El fenómeno de los llamados nepobabies refleja una discusión más profunda sobre la calidad de la democracia latinoamericana. Mientras algunos consideran que los vínculos familiares forman parte natural del relevo generacional y que el respaldo ciudadano se obtiene en las urnas, otros sostienen que la concentración del poder en determinadas familias limita la competencia política, reduce la movilidad de nuevos liderazgos y fortalece estructuras patrimonialistas.
Con la entrada gradual de las nuevas reglas contra el nepotismo electoral y la cercanía de los procesos de 2027, el escrutinio sobre los herederos políticos será mayor que en cualquier otro momento reciente de la historia democrática de México.
