Uno tendrá estadios llenos, reflectores y millones de espectadores.
El otro será una cascarita organizada por familias de personas desaparecidas que solo buscan ser escuchadas.
Mientras unas causas ocupan el centro del espectáculo, otras siguen luchando por visibilidad, verdad y justicia.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién decide qué causas merecen la cancha y cuáles deben quedarse al margen?
