A 55 años de una masacre que marcó a México
Ciudad de México, 10 de junio de 2026. Lo que comenzó como una manifestación estudiantil en apoyo a estudiantes de Monterrey terminó convertido en uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea de México. La represión conocida como el Halconazo o Matanza del Jueves de Corpus dejó decenas de muertos, cientos de heridos y una profunda huella en la memoria colectiva del país.
Apenas tres años después de la sangrienta represión estudiantil de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, miles de jóvenes volvieron a salir a las calles de la capital mexicana. La marcha tenía como objetivo expresar solidaridad con estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quienes enfrentaban conflictos con el gobierno estatal y federal por la autonomía universitaria.
Sin embargo, aquella tarde, los manifestantes fueron atacados por un grupo paramilitar conocido como Los Halcones, integrado por jóvenes entrenados para actuar como fuerza de choque al servicio del Estado.
El ataque
Los hechos ocurrieron sobre la avenida San Cosme. Testigos relataron cómo hombres vestidos de civil comenzaron a agredir a los estudiantes con varas de bambú, cadenas y armas de fuego. Conforme avanzaron los enfrentamientos, la violencia escaló rápidamente.
Las imágenes y testimonios de la época muestran escenas de persecución, golpizas y disparos contra jóvenes desarmados. Diversos reportes indican que incluso algunos estudiantes heridos fueron perseguidos hasta hospitales donde continuaron las agresiones.
Aunque el gobierno reconoció inicialmente un número reducido de víctimas, investigaciones posteriores estiman que el saldo pudo superar las 100 personas fallecidas, además de un número indeterminado de heridos y desaparecidos.
¿Quiénes eran Los Halcones?
Los Halcones fueron un grupo paramilitar creado durante el gobierno del entonces regente del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez, y operado bajo estructuras de seguridad vinculadas al Estado mexicano.
Su función consistía en infiltrarse, vigilar y reprimir movimientos sociales considerados una amenaza para la estabilidad política del régimen priista. Diversas investigaciones periodísticas y académicas señalan que recibieron entrenamiento especializado y apoyo logístico gubernamental.
La existencia de este grupo confirmó la utilización de mecanismos extralegales para controlar la disidencia política durante el periodo conocido como la “Guerra Sucia” en México.
La responsabilidad del gobierno
En 1971 gobernaba México Luis Echeverría Álvarez, quien había sido secretario de Gobernación durante la matanza de Tlatelolco en 1968.
Tras los hechos, Echeverría condenó públicamente la violencia y solicitó investigaciones. Como consecuencia política inmediata, el entonces regente capitalino Alfonso Martínez Domínguez presentó su renuncia.
No obstante, durante décadas persistieron acusaciones sobre la responsabilidad de las más altas esferas del poder en la organización y protección de Los Halcones.
A principios del siglo XXI, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado intentó procesar judicialmente a Luis Echeverría por delitos relacionados con la represión política. Sin embargo, los procedimientos concluyeron sin una sentencia condenatoria definitiva.
El impacto histórico
El Halconazo profundizó la desconfianza de amplios sectores sociales hacia las instituciones gubernamentales y evidenció los límites de la apertura democrática prometida por el régimen.
La masacre también fortaleció movimientos de defensa de los derechos humanos y alimentó el surgimiento de organizaciones políticas y sociales que demandaban libertades democráticas, transparencia y rendición de cuentas.
Para muchos historiadores, el 10 de junio de 1971 representa uno de los momentos más emblemáticos de la represión estatal en México durante el siglo XX, junto con los acontecimientos de Tlatelolco en 1968.
Memoria y justicia pendiente
Más de cinco décadas después, familiares de las víctimas, organizaciones civiles y colectivos estudiantiles continúan exigiendo verdad, justicia y el esclarecimiento total de los hechos.
Cada año, el 10 de junio, diversas agrupaciones realizan actos conmemorativos para recordar a quienes perdieron la vida y para insistir en que los crímenes cometidos por el Estado no deben quedar en el olvido.
El Halconazo sigue siendo una herida abierta en la historia nacional: un recordatorio de los riesgos de la intolerancia política y de la importancia de preservar la memoria para evitar que episodios similares vuelvan a repetirse.
