El puertorriqueño hace historia al ganar Álbum del Año con “Debí Tirar Más Fotos”, el primer disco completamente en español en lograrlo, y aprovecha el escenario para defender a los migrantes, resonando en México y América Latina donde el arte siempre ha sido resistencia
En una noche cargada de hitos culturales y mensajes políticos contundentes, el superestrella puertorriqueño Bad Bunny (Benito Antonio Martínez Ocasio) hizo historia en la 68ª edición de los Premios Grammy, celebrada el 1 de febrero de 2026 en Los Ángeles. Su álbum Debí Tirar Más Fotos se llevó el premio al Álbum del Año, convirtiéndose en el primer trabajo completamente en español en conquistar la categoría más prestigiosa de los Grammy en sus 68 años de historia. El disco superó a competidores de peso como Lady Gaga, Kendrick Lamar, Sabrina Carpenter y Justin Bieber.

Bad Bunny también ganó Mejor Álbum de Música Urbana por el mismo proyecto y Mejor Interpretación de Música Global por el tema “EoO”, sumando tres galardones en una velada donde el activismo fue protagonista. En su discurso de aceptación al recibir el Álbum del Año —entregado por Harry Styles, quien lo había vencido en 2023 con Harry’s House—, Bad Bunny dedicó el premio a los inmigrantes: “Quiero dedicárselo a todas las personas que dejan su hogar, su tierra, su país, para seguir sus sueños”. Visiblemente emocionado, enfatizó la humanidad de los migrantes y criticó las políticas de deportación, en un contexto de endurecimiento migratorio bajo la administración Trump.
En otro momento, durante la entrega del premio a Mejor Álbum de Música Urbana, el artista lanzó un grito claro: “¡Fuera ICE! No somos salvajes, no somos animales, somos humanos y somos americanos”, generando una ovación de pie en el Crypto.com Arena. Sus palabras contrastaron la deshumanización de los migrantes con un llamado a la compasión y la unidad, alineándose con el tono anti-ICE que dominó la ceremonia.
Este triunfo no es solo artístico: refleja la evolución de Bad Bunny de ícono del reggaetón a voz global de cambio social. Debí Tirar Más Fotos es una exploración introspectiva de la identidad puertorriqueña, la migración y las injusticias sociales, fusionando reggaetón, trap y elementos tradicionales. Su activismo tiene raíces profundas: en 2019 pausó su carrera para unirse a las masivas protestas en Puerto Rico contra el entonces gobernador Ricardo Rosselló, inspirando temas como “Afilando los Cuchillos”, una colaboración que denunciaba la corrupción y que fans destacan en redes como prueba de su “conciencia” política.

En México, donde la música ha sido históricamente un vehículo de resistencia y conciencia política, el impacto de Bad Bunny es notable. Desde los corridos revolucionarios del siglo XX hasta el movimiento del Canto Nuevo en los años 70 y 80 —con figuras como Amparo Ochoa que cantaban contra la opresión en regiones como Sinaloa—, el arte latinoamericano ha movilizado comunidades. La Nueva Canción, con sus ecos en México, usó la música para desafiar autoritarismos e imperialismos, fomentando solidaridad y cambio.
Hoy, en la era digital, canciones como las de Bad Bunny —o freestyles como “Desde el Corazón y Mi Puerto Rico”— resuenan en México, donde artistas fronterizos y movimientos como el de Ayotzinapa utilizan la música para visibilizar desapariciones, militarización y desigualdades. En redes, fans mexicanos y latinos celebran su victoria como validación de la música en español en el mainstream global, y agregan tracks como “Andrea” (por sus temas feministas) o “Compositor del Año” a listas de “Benito consciente”.
Con su actuación en el halftime del Super Bowl a la vuelta de la esquina, Bad Bunny demuestra que la música trasciende el entretenimiento: es un catalizador de conciencia y movilización. En México y toda América Latina, donde el arte siempre ha sido resistencia, su éxito inspira a nuevas generaciones a unir ritmo y activismo, asegurando que la banda sonora de la lucha siga sonando fuerte y clara.
