En los primeros días de febrero de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desclasificó una nueva tanda de documentos del caso Jeffrey Epstein, incluyendo una entrevista en video de aproximadamente dos horas (aunque algunas fuentes mencionan hasta 15 horas de grabaciones relacionadas) realizada por Steve Bannon al propio Epstein. Esta grabación, cuya fecha exacta se desconoce pero se estima alrededor de 2019, forma parte de más de tres millones de páginas liberadas tras una ley aprobada en noviembre de 2025.
En el material, Epstein admite con frialdad ser un “depredador sexual de nivel 1” —el más bajo, según él—, bromea cuando Bannon le pregunta si se considera “el diablo” respondiendo “No, pero tengo un buen espejo”, y evita cualquier reflexión profunda sobre sus crímenes. Describe su paso por prisión en 2008 como algo extraño para alguien de su estatus, sin mencionar el daño a las víctimas. Bannon, exestratega de Trump y figura clave del trumpismo, conduce la charla con un tono que a veces roza la complacencia, en el marco de un supuesto documental para “rehabilitar” la imagen de Epstein.
Esta desclasificación no solo expone la banalización del abuso en círculos de poder, sino que resalta el rol de Bannon como puente ideológico entre la ultraderecha estadounidense y sus réplicas europeas y latinoamericanas. Bannon, tras salir de la Casa Blanca, impulsó la exportación del modelo “populista nacionalista” a través de redes como “The Movement” en Bruselas, con contactos directos en España desde 2017.
La conexión de Vox con Bannon y el ecosistema trumpista
Vox, fundado en 2013 como escisión del Partido Popular (PP), adoptó tácticas trumpistas adaptadas al contexto español: “España Primero”, criminalización de la inmigración, ataques a los medios y cuestionamiento de normas democráticas. Bannon asesoró informalmente a figuras de Vox como Rafael Bardají (exasesor de Aznar) en comunicación, redes sociales y big data antes de su irrupción electoral en 2019.
Bannon elogió públicamente a Vox como fuerza dispuesta a “defender fronteras” y lo integró en su red internacional. Vox evitó condenar inequívocamente el asalto al Capitolio de enero de 2021, replicando la estrategia trumpista de relativización. Figuras como Hermann Tertsch y Bardají han reconocido afinidades con el entorno de Bannon.
La entrevista Epstein-Bannon añade una capa oscura: la misma lógica que permite trivializar el abuso sexual cuando sirve al poder se aplica en discursos que minimizan racismo, misoginia o violencia política si benefician objetivos nacionalistas. Las redes de Epstein, sostenidas por connivencia elitista, reflejan un patrón de impunidad que trasciende fronteras.
Cómo opera Vox en México: La expansión de la “Iberosfera” y el Foro Madrid
Aunque Vox es un partido español, su influencia en América Latina se canaliza a través del Foro Madrid (o Fundación Disenso), una alianza anticomunista lanzada en 2020 para contrarrestar al Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla. El concepto de “Iberosfera” une a países hispano y lusófonos contra el “avance del comunismo”.
En México, la penetración ocurrió principalmente en 2021: Santiago Abascal presentó el Foro Madrid en el Senado, donde 15 senadores del PAN (más de la mitad de su bancada entonces) y tres diputados firmaron la Carta de Madrid, un manifiesto contra el “narco-comunismo” y gobiernos de izquierda. Figuras como Julen Rementería (anfitrión), Alejandra Reynoso, Lilly Téllez y otros panistas participaron a título “personal”, según deslindes oficiales del PAN, que insistió en no tener acuerdo institucional con Vox (su socio preferente en Europa es el PP).
El acto generó polémica interna en el PAN y críticas de AMLO, quien lo usó para debilitar a la oposición. Vox opera indirectamente mediante alianzas con sectores conservadores, católicos y antiaborto del PAN, think tanks y grupos como Red Familia. Se vincula también a redes como El Yunque (organización secreta de extrema derecha católica acusada de infiltración en ambos partidos).
Hasta 2026, el Foro Madrid mantiene actividad regional (encuentros en Asunción 2025, Río de la Plata 2024, Lima 2023), alentando victorias de la derecha en ciclos electorales latinoamericanos. En México, su influencia sigue nicho pero persistente: amplifica narrativas contra gobiernos progresistas (como el de AMLO y ahora Claudia Sheinbaum) vía redes sociales, eventos y alianzas con figuras conservadoras. Vox no tiene estructura formal en México, pero usa el Foro como plataforma para coordinar estrategias transatlánticas.
La desclasificación de las cintas Epstein-Bannon ilumina un entramado global donde el poder ideológico ignora límites éticos. Vox, conectado vía Bannon al trumpismo, exporta ese modelo a México a través del Foro Madrid, donde sectores conservadores locales sirven de puente. En un contexto de polarización creciente, estas redes revelan cómo la ultraderecha opera más allá de fronteras, priorizando el poder sobre la accountability.
