Alerta para padres mexicanos: el tiempo excesivo frente a dispositivos podría afectar el desarrollo del lenguaje y la lectoescritura desde los 3 años
Un reciente difusión masiva en redes y medios internacionales ha revivido la preocupación por los efectos del tiempo frente a pantallas en niños pequeños. Un estudio con resonancia magnética funcional en menores de 3 a 5 años —originalmente publicado en JAMA Pediatrics por el equipo del Dr. John Hutton (Cincinnati Children’s Hospital, 2019-2020)— encontró que el uso interactivo de pantallas superior a las recomendaciones internacionales se asocia con menor integridad estructural de la materia blanca cerebral, la cual actúa como aislante (mielina) de las conexiones neuronales.
El profesor Michael Nagel, especialista en desarrollo neurológico infantil de la University of the Sunshine Coast (Australia, a veces referida en traducciones como “Universidad de la Costa del Sol”), ha comentado públicamente estos hallazgos en entrevistas y charlas recientes: “La materia blanca es mielina: aísla los axones como el plástico de un cable. Los déficits de mielina en las primeras etapas implican déficits en la conectividad neuronal. Cuanto más tiempo frente a pantalla, mayor pérdida observable, especialmente en áreas ligadas al lenguaje y la alfabetización”. Nagel confesó su sorpresa inicial como investigador y padre: “¡Guau! No esperaba ver algo así. No se me había ocurrido que algo tan simple como dos horas al día tuviera un efecto tan profundo”.
Aunque el estudio no es de 2025-2026 (sino de hace varios años, pero recirculado con fuerza en 2026 en plataformas como Instagram, YouTube y X con titulares alarmantes), sus resultados siguen vigentes y se alinean con investigaciones posteriores del ABCD Study y revisiones en revistas como The Lancet. No prueba causalidad directa irreversible, pero sí una correlación robusta controlada por edad e ingresos: más tiempo en tablets, smartphones o TV interactiva se relaciona con menor mielinización en tractos clave para el habla, la lectura temprana y la autorregulación.
Contexto en México: una realidad que alarma
En México, el panorama agrava la alerta. Según datos del INEGI y encuestas nacionales de salud, muchos niños de preescolar superan ampliamente las 2 horas diarias de uso recreativo de pantallas, impulsado por el entretenimiento, la educación en pandemia residual y la falta de alternativas en hogares con ambos padres trabajando. La Organización Mundial de la Salud (OMS) —referente adoptado por la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP)— recomienda cero pantallas antes de los 2 años (salvo videollamadas) y máximo 1 hora al día entre 2 y 5 años, siempre con supervisión adulta y contenido de calidad. Para mayores de 5 años, el límite sugerido es no superar las 2 horas recreativas.
Sin embargo, reportes locales indican promedios superiores: niños mexicanos de 3-5 años promedian entre 2 y 4 horas diarias en varios estudios observacionales, lo que desplaza tiempo crítico de juego libre, interacción cara a cara y estimulación verbal —precisamente lo que más nutre la mielinización y el desarrollo del lenguaje en esa ventana cerebral plástica.
Expertos mexicanos en pediatría y neurodesarrollo (como los del Hospital Infantil de México Federico Gómez o el INSP) insisten: el riesgo no es la pantalla en sí, sino el desplazamiento de experiencias esenciales. Menor conectividad en materia blanca puede traducirse en retrasos leves en lenguaje expresivo, dificultades prelectoras y problemas de atención que se acumulan al entrar a primaria.
¿Qué pueden hacer las familias?
- Priorizar juego físico, lectura compartida y conversación cara a cara.
- Establecer reglas claras: nada de pantallas en comidas o antes de dormir.
- Usar contenidos educativos supervisados si se permite pantalla.
- Monitorear el tiempo total (incluyendo TV) y buscar equilibrio.
La neuroplasticidad infantil es enorme: reducir el uso excesivo puede revertir o mitigar impactos tempranos. La advertencia es clara —no demonizar la tecnología, pero sí usarla con conciencia— porque el cerebro de 3 a 5 años se construye hoy, conexión por conexión.
