Cuando acatar instrucciones superiores termina en destitución y descrédito: el caso de la exfiscal Karla Díaz Hermosilla en Veracruz
CDMX 10 de enero de 2026
En el servicio público mexicano, la frase “solo cumplía órdenes” rara vez sirve de escudo. El reciente relevo de Karla Díaz Hermosilla como fiscal regional de la Zona Sur en Coatzacoalcos, Veracruz, ilustra con crudeza cómo una decisión controvertida —aunque presuntamente alineada con lineamientos superiores— puede destruir una trayectoria profesional en cuestión de días.
La funcionaria, quien asumió el cargo en marzo de 2024 como parte de un paquete de ascensos que promovía la participación femenina en altos puestos de la Fiscalía General del Estado (FGE), quedó en el centro de la polémica tras impulsar una acusación penal contra el periodista de nota roja Rafael León Segovia, conocido como “Lafita León”.
El 24 de diciembre de 2025, en Nochebuena, agentes ministeriales detuvieron al reportero al salir de su casa. La carpeta de investigación firmada por Díaz Hermosilla lo imputaba por terrorismo (artículo 311 del Código Penal de Veracruz), encubrimiento por favorecimiento y delitos contra las instituciones de seguridad pública. La Fiscalía argumentaba que las publicaciones del portal “Noticias con Lafita León” —sobre homicidios, cuerpos desmembrados y narcomantas— generaban “terror en la ciudadanía” y que el comunicador mantenía vínculos con el crimen organizado, además de omitir reportar información a las autoridades.

Un juez de control, el 30 de diciembre, desechó el cargo de terrorismo por falta de pruebas suficientes. Sin embargo, mantuvo la vinculación a proceso por los otros delitos, imponiendo al periodista un año de prisión domiciliaria.
El escándalo escaló hasta niveles nacionales. La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó públicamente el uso del delito de terrorismo —“nunca se ha usado en México”, afirmó— y subrayó que la libertad de expresión está “por encima de todo”. La gobernadora Rocío Nahle respaldó esas declaraciones. Días después, el 6 y 7 de enero de 2026, diversos medios reportaron la salida de Díaz Hermosilla: unos hablaron de destitución directa; ella misma la calificó como renuncia voluntaria por motivos de salud. La FGE designó como reemplazo a Braulio Salvador Conde Rivas, excoordinador de la Unidad Antisecuestro en la región.
Aquí una fotografía reciente del periodista afectado, Rafael “Lafita” León, durante el proceso: 4 “LARGE”
¿Por qué el argumento de “cumplir órdenes” no siempre protege?
La legislación mexicana es clara: la obediencia debida tiene límites. Según la Ley General de Responsabilidades Administrativas y el Código Penal Federal, los servidores públicos responden personalmente por sus actos, incluso cuando ejecuten instrucciones de superiores.
- Solo deben obedecerse órdenes legítimas y no manifiestamente ilegales.
- Cuando una instrucción viola derechos fundamentales (como la libertad de expresión, el debido proceso o la prohibición de abuso de autoridad), el funcionario tiene el deber legal y ético de desobedecer y, de ser posible, documentar y reportar la irregularidad.
- En la práctica, cuando una acción genera escándalo mediático o intervención de altas autoridades (Presidencia, gobernadores, organismos internacionales), el costo suele recaer en el eslabón operativo o de nivel medio: remoción inmediata, daño reputacional irreversible, inhabilitación y, en casos graves, responsabilidad penal personal.
El caso de Coatzacoalcos no es aislado. Díaz Hermosilla ya había sido criticada por intentar aplicar el delito de terrorismo en otro episodio (contra trabajadores de una mina en Texistepec en 2025). El patrón aceleró su salida.
En resumen, la lealtad ciega a una cadena de mando puede costar más cara que una desobediencia razonada y bien fundamentada. La carrera ascendente de Karla Díaz Hermosilla se truncó en menos de diez meses. Para miles de funcionarios en México, el mensaje es contundente: cumplir órdenes no es sinónimo de impunidad cuando esas órdenes cruzan la línea de lo ilegal o lo desproporcionado. La responsabilidad, al final, siempre es personal.
