Mientras la organización alcanza niveles históricos gracias a gravámenes sobre salarios y contribuciones laborales, el país registra la tasa de recaudación más baja del bloque. Una brecha estructural que revela informalidad masiva, evasión y una base tributaria crónicamente estrecha.
El Contexto Global: El Trabajo como Motor de la Recaudación
Según las Revenue Statistics 2025 de la OCDE (publicadas a finales de 2025 con datos preliminares hasta 2024), los ingresos fiscales promedio de los países miembros alcanzaron un récord de 34.1% del PIB en 2024. Esto representa un aumento de 0.3 puntos porcentuales respecto al año anterior, tras dos años de descensos.4
El principal impulsor de este repunte fueron los impuestos sobre el trabajo: el impuesto sobre la renta de las personas físicas (PIT, por sus siglas en inglés) aplicado a salarios y, especialmente, las contribuciones a la seguridad social. En 28 de los 36 países con datos disponibles, estos gravámenes aumentaron su peso relativo.
Una novedad del informe es la sección que desglosa el PIT por fuente de ingresos. Entre 2011 y 2023, en la mayoría de los países analizados, la proporción del PIT proveniente del trabajo asalariado disminuyó, mientras que creció la parte derivada del capital (dividendos, intereses, ganancias de capital) y del trabajo por cuenta propia (autónomos y freelancers). Esto refleja transformaciones estructurales: mayor peso de la economía de plataformas, inversiones financieras y desigualdad en la distribución de ingresos.
Entre los 36 países con datos preliminares, las ratios impuestos/PIB oscilaron entre el 18.3% de México (el más bajo) y el 45.2% de Dinamarca (el más alto).3
México: El Rezago Estructural que Persiste
México no solo ocupa el último lugar en la OCDE por octavo o noveno año consecutivo, sino que su avance es marginal: pasó de 17.7% en 2023 a 18.3% en 2024, un incremento de apenas 0.6 puntos. Esto contrasta con el dinamismo del promedio OCDE y deja al país muy por debajo incluso del promedio de América Latina y el Caribe (alrededor del 21%).
La estructura fiscal mexicana es atípica dentro de la OCDE:
- Alta dependencia de impuestos indirectos (IVA, IEPS y otros sobre bienes y servicios), que suelen ser regresivos y recaen más en los hogares de menores ingresos.
- Relativamente altos impuestos corporativos en proporción.
- Muy bajos impuestos directos sobre personas físicas (ISR personal) y, sobre todo, contribuciones a la seguridad social (IMSS, ISSSTE, INFONAVIT), que son el corazón de los “impuestos sobre el trabajo” que impulsaron el récord OCDE.
En México la “cuña fiscal” (tax wedge) sobre salarios —la diferencia entre lo que paga el empleador y lo que recibe el trabajador— es de las más bajas del organismo (alrededor del 20% para un trabajador promedio sin hijos), frente al 34.8% promedio OCDE.
Las Raíces del Problema: Informalidad, Evasión y Diseño Fiscal
Como periodista de investigación, el dato no es aislado: es síntoma de fallas profundas.
- Informalidad endémica: Más del 55% de la fuerza laboral mexicana opera en la informalidad (calles, mercados, pequeños comercios sin registro). Estos trabajadores y microempresas no pagan ISR ni contribuciones sociales, reduciendo dramáticamente la base tributaria. La imagen de vendedores ambulantes y tianguis es el rostro visible de esta economía paralela que el fisco apenas toca.
- Evasión y elusión: A pesar de los esfuerzos de digitalización del SAT en los últimos años (facturación electrónica, buzón tributario), la brecha de recaudación sigue siendo elevada. Regímenes especiales, exenciones y planeación fiscal agresiva de grandes contribuyentes limitan el potencial.
- Base impositiva estrecha y baja progresividad: El ISR personal recae principalmente en asalariados formales del sector medio-alto. Los ingresos de capital y grandes fortunas tienen tratamientos favorables. Los impuestos al patrimonio (predial, sucesiones) son marginales.
- Herencia petrolera: Durante décadas, Pemex y los ingresos no tributarios compensaron la debilidad fiscal. Con la caída de la producción y los problemas financieros de la paraestatal, esa muleta desapareció sin que se hubiera construido un sistema tributario moderno y robusto.
¿Qué Significa para los Mexicanos?
Esta baja recaudación no es “buena noticia” para los trabajadores. Al contrario:
- Limita severamente el gasto público en educación, salud, infraestructura y programas sociales de calidad.
- Contribuye a mantener altos niveles de desigualdad y pobreza estructural.
- Genera un círculo vicioso: servicios públicos deficientes → desconfianza ciudadana → menor disposición a pagar impuestos → más informalidad.
Países como Dinamarca o Francia cobran mucho más (cerca del 45% del PIB) pero entregan sistemas de bienestar, educación y salud de primer nivel. México cobra poco y entrega poco.
A pesar de reformas parciales (2014, medidas anti-evasión 2019-2024 y ajustes recientes), el progreso ha sido lento. El nearshoring y el crecimiento económico reciente ofrecen una ventana de oportunidad para una reforma fiscal integral: ampliar la base gravable, simplificar y hacer más progresivo el sistema, formalizar la economía mediante incentivos reales (no solo sanciones) y mejorar la eficiencia del gasto.
Sin una discusión seria y técnica sobre estos temas, México seguirá siendo el eterno farolillo rojo de la OCDE, con un Estado débil financieramente y trabajadores formales cargando desproporcionadamente el esfuerzo fiscal.
El informe de la OCDE es una llamada de atención clara. La pregunta es si los actores políticos y económicos en México están dispuestos a escucharla.
