Datos de la ENCODAT 2025 confirman una reducción significativa en el consumo entre adolescentes y jóvenes, alineada con tendencias globales de moderación, aunque persisten riesgos como el vapeo y el uso de otras sustancias
La Generación Z en México muestra un cambio notable en sus hábitos de consumo de alcohol: prioriza el bienestar, la salud mental y un mayor control personal, optando por estilos de vida más conscientes y estratégicos en lugar de excesos nocturnos. Este enfoque refleja una búsqueda de presencia, enfoque y dominio sobre la propia energía, donde elegir el autocuidado sobre el descontrol se percibe como una decisión inteligente y no como algo restrictivo.
Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, entre los adolescentes de 12 a 17 años, el consumo de alcohol en el último año disminuyó del 28% en 2016 al 17.8% en 2025, lo que representa una reducción de más de 10 puntos porcentuales. El consumo excesivo (en el último mes) cayó drásticamente del 8.3% al 2.6%, y el consumo en el último mes bajó del 16.1% al 7.5%. Además, el consumo alguna vez en la vida pasó del 39.8% al 33.9%, con una disminución en el número absoluto de afectados (de 5.7 millones a 4.5 millones). Estas cifras confirman una tendencia positiva en la prevención, atribuida a campañas de concientización, mayor involucramiento familiar y educación sobre riesgos.

Esta moderación se alinea con patrones globales observados en la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), donde el consumo de alcohol ha disminuido estructuralmente. Estudios internacionales indican que esta generación bebe alrededor de un 20% menos que los millennials a la misma edad, impulsada por prioridades como la salud mental (considerada tan importante como la física por el 86% de ellos), la productividad y la evitación de resacas o fugas emocionales. En mercados como Estados Unidos y Europa, se observa un auge en bebidas sin alcohol o bajas en graduación, con un enfoque en experiencias intencionales, “daycaps” (consumo diurno ligero) y moderación informada, aunque algunos reportes señalan un repunte reciente en participación entre jóvenes de edad legal.
En México, sin embargo, el panorama general es mixto: en la población adulta (12-65 años), el consumo alguna vez en la vida aumentó del 71% al 73.7%, con un incremento notable en mujeres (del 62.6% al 69.3%). Entre adultos jóvenes, persisten consumos moderados pero intencionales, con preferencia por bebidas ligeras, cocteles con historia o formatos listos para beber. No se observa un abandono total del alcohol, sino un consumo más selectivo y consciente.
Un desafío emergente es el aumento en el uso de cigarrillos electrónicos (vapeadores), prohibidos en México desde 2022 pero accesibles en el mercado negro. Datos de encuestas como la ENSANUT muestran que el uso entre adolescentes de 10-19 años creció del 1.8% al 4.3% entre 2021 y 2023, con estimaciones actuales superiores al millón de usuarios menores de 19 años. El vapeo se percibe erróneamente como menos dañino (“vapor de agua”), pero implica riesgos mayores de adicción a la nicotina y puerta de entrada a otros hábitos. Además, aunque el consumo experimental de drogas ilegales en adolescentes bajó del 6.2% al 4.1%, en adultos aumentó, con el cannabis como la sustancia más común, y preocupaciones por posibles sustituciones o problemas psicológicos asociados.
En resumen, la Generación Z mexicana lidera un giro hacia hábitos más saludables y estratégicos, con menos alcohol como anestesia social y mayor énfasis en el autocontrol. Las políticas de prevención han mostrado resultados en adolescentes, pero el vapeo y las variaciones regionales requieren vigilancia continua para sostener estos avances.
