El “superpeso” —la notable fortaleza del peso mexicano frente al dólar— marca el arranque de 2026 con fuerza. Este miércoles 14 de enero de 2026, el tipo de cambio interbancario se ubica alrededor de 17.85 pesos por dólar (según datos del Banco de México y cotizaciones en tiempo real), alcanzando niveles no vistos en 18 meses. Para millones de mexicanos, esta apreciación representa un fenómeno de doble filo: alivio en el día a día para unos, y presión en el bolsillo para otros.
El alivio en el supermercado y el consumo diario
En pasillos de supermercados de ciudades como Aguascalientes, muchas familias sienten un respiro tangible. Productos importados —desde electrónicos, ropa de marca, cereales y hasta gasolina— resultan más accesibles gracias a que un dólar más débil abarata las importaciones. Este efecto actúa como un descuento automático en la canasta básica y en bienes de consumo, ayudando a contener la inflación, que cerró 2025 en 3.69% anual (INEGI) y se mantiene moderada al inicio de 2026.
Para la clase media urbana y asalariados formales, el poder adquisitivo mejora: viajan más al extranjero, compran gadgets y vehículos con menor esfuerzo en pesos. La inflación controlada —impulsada en parte por este superpeso— beneficia a quienes no dependen directamente de dólares entrantes.
El golpe silencioso para las familias de migrantes
En contraste, en colonias populares y comunidades rurales de estados como Michoacán, Guerrero o Zacatecas, el superpeso se vive como una pérdida. Las remesas —que en 2025 cerraron con una caída estimada de alrededor del 5% y continúan en retroceso en 2026— rinden menos pesos por cada dólar enviado. Analistas reportan que el poder de compra real de estos envíos ha caído hasta 14.4% en meses recientes, acumulando varios periodos consecutivos a la baja.
Millones de hogares dependen de estos recursos para cubrir despensa, medicinas y educación. Con un peso fuerte, cada transferencia familiar pierde valor, profundizando la vulnerabilidad en zonas de alta migración.
La tensión en las fábricas y el empleo exportador
En el corazón industrial del Bajío y el norte, el panorama es de preocupación. Maquiladoras y plantas automotrices ven cómo sus productos se encarecen para compradores en Estados Unidos (principal destino de exportaciones). Aunque México mantiene superávit comercial récord con EU y las exportaciones siguen creciendo, un dólar barato reduce la competitividad frente a competidores como China o Vietnam, lo que frena nuevas contrataciones y puede llevar a ajustes de turnos.
Trabajadores y supervisores en líneas de producción sienten la presión indirecta de un tipo de cambio que, aunque trae estabilidad macro, actúa como freno silencioso para el sector manufacturero.
Un equilibrio temporal que divide opiniones
El superpeso —impulsado por tasas atractivas en México, debilidad global del dólar y flujos de inversión— beneficia a consumidores e importadores, pero perjudica a receptores de remesas y exportadores. Expertos coinciden en que contribuye a la estabilidad macro (inflación baja, deuda externa más barata), aunque genera un impacto neto mixto en la economía real.
La evolución de 2026 dependerá de factores externos como las políticas de Trump, la revisión del T-MEC y el comportamiento de la Fed. Por ahora, para la mayoría de los ciudadanos el mensaje es claro: disfruten el alivio en el consumo diario, pero con cautela, porque el equilibrio cambiario rara vez es permanente.
