El Tlatoani, la Isla y la Sombra de Epstein: Un Cóctel de Geopolítica Ficción
Por Nico Underwood
Bienvenidos a la nueva era del “Tecnofeudalismo”, donde los algoritmos avanzan a pasos de gigante y la política mexicana parece empeñada en retroceder a paso de tortuga caribeña. En este nuevo y breve(crucemos los dedos) tiempo trumpiano, el guion de las mañaneras ha chocado de frente con la retórica de Mar-a-Lago. El objetivo de Mr. Trump está claro, el petróleo. Específicamente, ese flujo de hidrocarburos que viaja de México a Cuba para que la gerontocracia de la Isla, cuyo único mérito actual parece ser sobrevivir al siglo XXI, pueda revenderlo y financiar un régimen que se cae a pedazos.
Es una jugada extraña, casi poética si no fuera trágica. Mientras el mundo discute sobre inteligencia artificial, nuestro gobierno insiste en atar nuestro destino a una dictadura que huele a naftalina. ¿Será acaso una brillante carambola de tres bandas? ¿Estará la Presidenta usando la ayuda a los militares cubanos como una ficha de cambio en el tablero del Departamento de Estado gringo? Si es así, la apuesta es alta. En Washington, la palabra “fuero” no se traduce; para la justicia estadounidense, esa protección que aquí es sagrada, allá es simplemente un estorbo irrelevante. No se sorprendan si, en este intercambio de favores, más de un funcionario “cuatroteista” termina rindiendo cuentas en una corte de los Unites.
Entre el “Niño Verde” y el Fantasma de Guadalupe-Hidalgo
Mientras el embate trumpista arrecia de cara a las elecciones, aquí parecemos embelesados en una partidocracia de opereta. Seguimos alimentando los negocios del “Niño Verde” y las peripecias del “Profe” Anaya, como si el tiempo no pasara. Con una economía estancada y un Omar García Harfuch, nuestro atribulado “Batman”, cada vez más agobiado por la realidad, la Presidenta se encuentra ante un dilema existencial.
O le da una sacudida real a los compromisos heredados de la familia del “Padre Fundador”, o el proyecto se le deshace entre las manos. Es hora de que asuma ese rol de Tlatoani que el subconsciente mexicano, herencia del viejo régimen, aún reclama en el contrato social. De no hacerlo, el refrán será profético “cuando no hay cabeza, todo se vuelve rabo”. Y entonces sí, mis queridos lectores, lo del Tratado de Guadalupe parecerá una simple anécdota de café frente a la pérdida de soberanía que se avecina. La raza está cansada de inseguridad y de pleitos electorales estériles que no llenan el refrigerador.
La Élite Global: Del Malecón a la Isla de Epstein
Para cerrar este cuadro surrealista, no podemos ignorar el lodo que salpica desde los archivos de Jeffrey Epstein. Es fascinante y aterrador, ver cómo el poder real se entrelaza en las sombras. Ya sea en democracias capitalistas, regímenes socialistas o imperios con ínfulas de elegancia como el británico (con el Príncipe Andrés como protagonista de correos electrónicos que harían sonrojar a un marinero), las élites parecen compartir un código ético inexistente.
Si no nos quitamos el grillete revolucionario del “patria o muerte”, la Cuarta Transformación corre el riesgo de ser un simple suspiro histórico, tan efímero como lo fue el arribo de los panistas al poder. La geopolítica no perdona la nostalgia, y Trump, a diferencia de nosotros, no cree en cuentos de hadas caribeños.
