Ciudad de México, 23 de marzo de 2026 – Un derrame de hidrocarburos que comenzó a detectarse a principios de marzo en las costas de Veracruz y Tabasco ha alcanzado ya 630 kilómetros de litoral afectado, lo que representa prácticamente la totalidad del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México. Así lo denunció este lunes Greenpeace México, quien alertó que la contaminación continúa expandiéndose pese a los reportes oficiales de avances en la limpieza.
De acuerdo con la organización ambientalista, la mancha de crudo abarca desde la laguna de Tamiahua, en Veracruz, hasta Paraíso, Tabasco, impactando playas, lagunas, arrecifes de coral, zonas de anidación de tortugas marinas y ecosistemas críticos como la laguna del Ostión, hábitat de manatíes y especies marinas. En un comunicado difundido a través de su cuenta oficial en X (@greenpeacemx), Greenpeace señaló: “Este ya es un derrame petrolero sin control”.
La organización cita información de la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México y testimonios de comunidades locales para contradecir las versiones oficiales. Mientras Pemex y las autoridades han reportado un avance de entre 85% y 88% en las labores de saneamiento y la recolección de 95.7 toneladas de residuos, Greenpeace afirma que “la mayoría de las playas no ha recibido limpieza y sigue arribando chapopote en casi todos los sitios”. La limpieza, según la Red, se ha limitado principalmente a playas turísticas, dejando sin atención zonas remotas, arrecifes y campamentos tortugueros.
“La realidad en campo es distinta: en los últimos días ha vuelto a arribar petróleo a las playas, lo que agrava la contaminación”, detalló la organización en su hilo publicado este 23 de marzo. Además, subrayó que no se ha evaluado el impacto en los arrecifes ni se han aplicado protocolos completos de manejo de residuos peligrosos, dejando expuestas a las brigadas de limpieza.
Greenpeace México, junto con comunidades indígenas, pesqueras y organizaciones aliadas, exigió acciones inmediatas: declarar zonas de emergencia ambiental, aplicar planes de contingencia, priorizar la restauración de ecosistemas (con especial atención a playas alejadas y sitios de anidación de tortugas), proveer equipo de protección a las brigadas y transparentar el origen del derrame para sancionar a los responsables.
“Una vez más, el Golfo de México opera como zona de sacrificio ante los riesgos e impactos que implica la industria petrolera, así como la falta de capacidades y protocolos efectivos”, concluyó la organización. El comunicado completo está disponible en su sitio web.
Hasta el momento, las autoridades —incluida la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle— han señalado que el derrame no proviene de Pemex, sino posiblemente de un buque privado, y que se investiga el caso con intervención de la Fiscalía General de la República. Pemex participa en las tareas de limpieza pero no se ha asumido como responsable directo.
Greenpeace hizo un llamado a la sociedad civil: “¿Eres de la zona? Comparte las fotos que tengas”, para documentar la situación real y presionar por una respuesta efectiva.
Este desastre ambiental revive las alertas sobre los riesgos de la explotación petrolera en el Golfo de México y pone en evidencia las vulnerabilidades de un ecosistema clave para la biodiversidad, la pesca y el turismo de la región.
