La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) condenó enérgicamente el ataque armado del domingo 25 de enero en un campo de fútbol de la colonia Loma de Flores, Salamanca, Guanajuato, donde un comando abrió fuego contra jugadores, familias y asistentes, dejando al menos 11 personas fallecidas y un número considerable de heridos (reportes cruzados indican entre 6 y 12 lesionados).
En un comunicado emitido el lunes 26 de enero y difundido a través de su portal oficial, redes sociales y medios católicos como ACI Prensa, la CEM expresó su profundo dolor e indignación ante la violencia que “continúa golpeando a nuestro país”. Los obispos destacaron que este acto “lastima profundamente la vida, la dignidad humana y la convivencia pacífica de nuestra sociedad”, al convertir un espacio de recreación y unión familiar —una cancha deportiva— en escenario de horror.
El posicionamiento no se limitó a la condena: incluyó una exigencia clara y directa a las autoridades de los tres niveles de gobierno para que cumplan su deber primordial de proteger la vida y garantizar la seguridad. Específicamente, la CEM pidió:
• Que los hechos no queden impunes.
• Que se esclarezca con prontitud y transparencia lo ocurrido.
• Que se detenga a los responsables y se les someta a la justicia.
El comunicado también condenó el intento de incendio deliberado contra la Catedral de Puebla la noche anterior (24 de enero), lo que refuerza la percepción de un clima de agresiones que afecta tanto a la vida cotidiana como a símbolos religiosos y culturales.

La CEM elevó una oración por México, por el descanso eterno de las víctimas, por el consuelo de sus familias y por el fin de la espiral de violencia. En un contexto donde Guanajuato registra persistentemente altas tasas de homicidios dolosos —y donde espacios públicos como canchas y plazas se han vuelto vulnerables—, los obispos insistieron en la necesidad de que el Estado recupere el control legítimo y que la sociedad en su conjunto trabaje unida para frenar la escalada.
Este pronunciamiento se suma a llamados previos de la Iglesia católica en Guanajuato y refuerza su rol como voz moral crítica ante la impunidad. Diócesis locales, como la de Querétaro, se adhirieron al mensaje, expresando solidaridad con las familias afectadas y sumándose a la oración por la paz.
