Vladimir Guerrero

// 00. El contexto:
El año era 1996. Sin saberlo, estábamos disfrutando del último aliento del movimiento “Grunge”, cuya decadencia había comenzado aquel 8 de abril de 1994, cuando el “Breaking News” de MTV congeló al mundo de la música al hacer oficial, en voz de Kurt Loder, la noticia del suicidio de Kurt Cobain. Si bien Pearl Jam, Soundgarden, Garbage, Alice in Chains y muchas bandas más quisieron alargar la agonía del movimiento, el 8 de octubre de 1996 Brian Warner, en compañía de sus ex Spooky Kids y bajo la tutela de Trent Reznor, lanzó “Antichrist Superstar”.
Aunque, siendo honestos, un servidor (a sus 16 años) no conocía ni al artista ni a la banda, y mucho menos se enteró del lanzamiento del disco en su momento (debo confesar que en aquel tiempo mi visión musical estaba centrada en Green Day), hasta que en una fiesta de Día de Muertos, de la mano del buen Pablo Pallares, conocí al Reverendo Manson con la rola que lo llevaría a la fama mundial: “The Beautiful People”… Y por más que suene a cliché de película gringa, mi vida cambió para siempre (así que, si alguien tiene quejas de un servidor y su personalidad, puede pasar a saludar al buen “Chino” Pallares).
Así pues, llegamos al año de 1997, cuando esta obra maestra del rock gótico e industrial alcanzó su punto más alto en todo el mundo. Marilyn Manson provocaba paros y manifestaciones de grupos religiosos donde se presentaba con su gira mundial “Dead to the World” (cuyo intento de llegar a México en ese 97 desató el pánico y la censura). Quienes escuchábamos su música y analizábamos con mente abierta su filosofía de vida éramos rechazados y estigmatizados; incluso en las tribus urbanas y círculos “underground” de Aguascalientes te volteaban a ver feo cuando decías que te gustaba Marilyn Manson, dándonos cuenta de que la tradicional doble moral y “mochez” de Aguascalientes estaba en todos lados.
En ese mismo 1997, nuestro estado pasaba por una transición similar, solo que en vez del agónico “Grunge”, era el PRI de Otto Granados el que daba sus últimos suspiros tratando de vendernos que Aguascalientes vivía en una época tecnócrata post-salinista: un milagro industrial moderno que presumía a Nissan, Texas Instruments y Xerox, entre otros. Un estado trofeo abollado por el memorable Alfredo “El Mosco” Reyes Velázquez, quien pasó a la historia como el primer presidente municipal panista en la capital y quien abriría las aguas, cual Moisés, para la llegada de Felipe González González en 1998 y así pintar todo el estado de azul.
Solo que en nuestra tierra, en vez de llegar un Reverendo Manson, ascendió el obispo Ramón Godínez Flores (quien llegó en 1998 tras la muerte de Rafael Muñoz Núñez), y comenzó una cruzada moralista contra los bares, la vida nocturna, las muestras de afecto en los parques y cualquier expresión juvenil que oliera a “satánica” o “degenerada”. Si andabas en la calle vestido de negro, con botas industriales, gabardina o playera de alguna banda de metal, eras blanco automático de las patrullas municipales para una “revisión de rutina”. Todavía no existía Altaria; los centros comerciales eran El Dorado, Plaza Patria, Expoplaza y, por supuesto, el Centro de “Agüitas” y El Parián. Los puntos neurálgicos para conseguir música importada, revistas (Circus, Hit Parader, Metal Edge, Banda Rockera, La Mosca) o casetes eran el Pasaje Juárez y el Pasaje Ortega, las tiendas de discos del centro (Baby Rock) y el Tianguis de la Purísima o la Línea de Fuego para buscar “bootlegs”, playeras de estampado pesado y estoperoles. Claro, sin olvidar aquel famoso local “Melody”, donde todos los melómanos conseguíamos discos que, a falta de internet, eran imposibles de hallar en otro lado; por lo que hacerse de música “under” o industrial en Aguascalientes dependía del “tape trading” con los amigos o de cazarla en espacios nocturnos donde por fin se colaba algo fuera del pop comercial y del “rock en tu idioma” domesticado (diría que en algunos programas de radio pública, pero eran limitados y siempre estaban estigmatizados por las “Vacas Sagradas” de la “radio cultural” del estado… pero ya platicaremos de ellos).
// 01. La Censura “Moral” de 1997 vs. la Censura “Familia/Seguridad” de 2026:
Tristemente, treinta años después, en pleno octubre de 2026, Aguascalientes sigue teniendo exactamente el mismo reflejo censor, solo que cambió de disfraz. En los 90 prohibían conciertos de rock o satanizaban discos por “la moral”; hoy tenemos reglamentos y leyes que prohíben desde corridos y espectáculos “que hagan apología” hasta el bloqueo de bandas y colectivos independientes si no entran en el molde aséptico de “la gente bonita”. Vivimos bajo el discurso oficial que solo quiere mostrar la postal perfecta del norte de la ciudad, los viñedos, las plazas VIP y el Festival de Calaveras maquillado para turistas, mientras esconde debajo de la alfombra el oriente de la ciudad, la crisis del agua, los suicidios, la violencia familiar (donde 1 de cada 3 hogares ha sufrido algún delito, según la ENVIPE) y la falta de espacios reales de expresión para los jóvenes.
// 02. “The Beautiful People” en la tierra de la gente buena:
Hace 30 años, los toquines de metal, punk, grunge y hardcore en Aguascalientes eran 100% autogestivos y casi clandestinos: se armaban en bodegas, salones prestados, cocheras o terrenos baldíos en colonias populares, siempre con el riesgo de que cayera “la julia” a clausurar el evento por quejas de los vecinos. En este 2026 hemos dado un pequeño paso en cuanto a la realización de este tipo de eventos, pero tristemente todo ha caído en “amiguismos” y compadrazgos. Si no eres del clan, no te juntan; básicamente tienes que ir a afiliarte al ICA o al IMAC para que te tomen en cuenta en alguno de sus festivales. Todo está monopolizado por los nietos políticos de aquella élite que siguen gobernando con el mismo manual: maquillando la ciudad para Instagram, censurando lo que les incomoda y barriendo debajo de la alfombra los problemas reales de los jóvenes hidrocálidos. Incluso pasa en nuestra máxima casa de estudios: lo que empezó como buenos proyectos y foros de expresión artística se ha convertido en festivales de “invitar a mis compas”, totalmente despegados de los gustos reales de la comunidad de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Dinero tirado a la basura en eventos a los que solo asisten 20 personas, pero donde la UAA se para el cuello diciendo que está difundiendo “la cultura”.
// 03. Treinta años después: ¿En qué se convirtió el niño que amaba Aguascalientes?
En un disco bastante estridente, Manson y Reznor decidieron terminar con una de las rolas más “relax”, pero a la vez con el mensaje más fuerte: “Man That You Fear”. Si bien es una canción que aborda el aborto y la maternidad, su premisa aplica también para nuestro estado y nuestras instituciones: cómo crean el problema y luego se espantan de las consecuencias. Cuando en Aguascalientes cierras (o niegas) verdaderos espacios culturales, precarizas a los jóvenes y silencias las radios públicas o los foros alternativos, el sistema fabrica su propio descontento social, mientras la clase política y empresarial local sigue obsesionada con la apariencia, la censura disfrazada de buenas costumbres y el club exclusivo de “The Beautiful People”. ¿Las consecuencias? Como bien dice Manson: “The boy that you loved is the man that you fear”; y eso está pasando hoy en Aguascalientes.
El “Antichrist Superstar” cumplió tres décadas recordándonos que los verdaderos monstruos nunca estuvieron en un casete comprado en el Pasaje Ortega ni en una playera negra del tianguis de la Purísima, sino en los escritorios de quienes deciden qué cultura merece presupuesto y qué juventud merece ser barrida debajo de la alfombra. A treinta años de distancia, Aguascalientes sigue atrapado en el mismo bucle: fabricando marginación en las colonias mientras aplaude su propio reflejo en el espejo. La pregunta para este 2026 ya no es a qué suena el “underground”, sino cuánto tiempo más creen las “buenas conciencias” que pueden seguir tapando el sol con un boletín oficial.
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@Kazyel2.0
