Ciudad de México, 29 de agosto de 2026.- El avance de la inteligencia artificial puede elevar la productividad y transformar numerosas actividades económicas, pero dejar su desarrollo exclusivamente en manos del mercado podría aumentar la desigualdad, reducir el poder de negociación de los trabajadores y provocar la desaparición de más empleos de los que la nueva tecnología genere, advirtió el economista estadounidense y Premio Nobel Joseph E. Stiglitz.
La advertencia fue formulada originalmente en una entrevista publicada por Scientific American el 1 de agosto de 2023, pero mantiene relevancia ante la acelerada incorporación de sistemas de inteligencia artificial en empresas, servicios y actividades profesionales.
“Unfettered capitalism, unfettered innovation, does not lead to the general well-being of our society”, sostuvo Stiglitz durante la conversación. La expresión puede traducirse como: “El capitalismo sin restricciones y la innovación sin restricciones no conducen al bienestar general de nuestra sociedad”. (Scientific American)
El planteamiento no constituye un rechazo a la inteligencia artificial. La preocupación central del economista radica en quién obtiene los beneficios de los incrementos de productividad, quién absorbe los costos de la transformación tecnológica y qué instituciones establecen las reglas bajo las cuales se utiliza la IA.
Empleos de oficina, bajo presión
Stiglitz considera que la inteligencia artificial representa una nueva etapa en la automatización laboral. Mientras las máquinas y los robots desplazaron principalmente determinadas actividades físicas y repetitivas, los sistemas de IA tienen capacidad para reducir la demanda de trabajos rutinarios de oficina.
Durante la entrevista puso como ejemplos actividades vinculadas con redacción y edición de textos y consideró probable que se desarrolle una relación creciente entre trabajadores y sistemas de inteligencia artificial, en la que estas herramientas funcionen como instrumentos para aumentar la productividad.
Sin embargo, el economista se mostró escéptico ante la posibilidad de que los nuevos puestos creados por la tecnología compensen completamente aquellos que podrían desaparecer.
Su evaluación fue clara: habrá nuevas ocupaciones y cambiarán las habilidades demandadas por el mercado laboral, pero considera probable que se pierdan más empleos de los que se generen como consecuencia del aumento de productividad en determinadas áreas. (Scientific American)
IA podría debilitar el poder de los trabajadores
Uno de los elementos centrales de su análisis se encuentra en la relación entre tecnología y poder económico.
Para Stiglitz, el problema no consiste solamente en determinar cuántos empleos desaparecerán. También debe analizarse cómo la inteligencia artificial puede modificar la capacidad de negociación de los trabajadores frente a las empresas.
En economías donde los trabajadores ya cuentan con un poder limitado para negociar salarios y condiciones laborales, la IA podría convertirse en una herramienta favorable al empleador y debilitar todavía más esa capacidad de negociación.
El resultado, advierte, sería una mayor concentración de los beneficios derivados de la productividad y, potencialmente, un incremento de la desigualdad económica. (Scientific American)
La discusión cambia así de terreno. La pregunta deja de ser únicamente si la inteligencia artificial sustituirá determinados puestos de trabajo y pasa a ser cómo se distribuirá la riqueza producida con ayuda de estas tecnologías.
El mercado por sí solo no resolverá el problema
Stiglitz rechaza la idea de que la innovación tecnológica produzca automáticamente bienestar colectivo.
Su argumento parte de una concepción económica en la que los mercados necesitan instituciones, reglas e intervención pública para corregir desequilibrios y evitar que los beneficios derivados de la innovación terminen concentrados en determinados grupos.
Por ello plantea que los gobiernos pueden desempeñar un papel para orientar la innovación hacia tecnologías que incrementen la productividad sin privilegiar únicamente aquellas diseñadas para sustituir trabajadores.
Entre las respuestas mencionadas por el economista se encuentran las políticas activas de capacitación y reconversión laboral, además de políticas macroeconómicas capaces de mantener niveles elevados de empleo.
La entrevista incluso aborda la posibilidad de que los aumentos de productividad permitan reconsiderar la duración de la jornada laboral, de manera que parte de los beneficios tecnológicos puedan convertirse en mayor tiempo disponible para las personas y no exclusivamente en reducción de costos empresariales. (Scientific American)
Entre productividad y desigualdad
El diagnóstico de Stiglitz contiene una aparente paradoja: la inteligencia artificial puede generar una economía más productiva y, simultáneamente, una sociedad más desigual.
El desenlace dependerá, desde su perspectiva, de las decisiones políticas e institucionales adoptadas para administrar la transformación tecnológica.
El economista se declaró pesimista respecto al impacto que la IA podría tener sobre la desigualdad bajo las condiciones actuales, aunque reconoce que, con políticas adecuadas, sería posible combinar mayor productividad con una distribución más equitativa de sus beneficios.
La cuestión fundamental, por tanto, no es únicamente hasta dónde llegará técnicamente la inteligencia artificial, sino quién establecerá sus reglas y quién recibirá los beneficios económicos derivados de ella.
Tres años después de aquella entrevista, la advertencia de Stiglitz conserva un punto central para el debate contemporáneo: la tecnología no determina por sí misma el modelo económico que surgirá de su utilización. Las leyes, las instituciones, las empresas y las políticas laborales determinarán si la revolución de la inteligencia artificial amplía oportunidades o profundiza las brechas existentes.
En esa discusión, la frase del Nobel sintetiza su posición: innovación y mercado pueden generar enormes avances, pero sin límites, regulación e instituciones capaces de distribuir sus beneficios, el progreso tecnológico no garantiza necesariamente progreso social.
Fuente: Entrevista de Sophie Bushwick a Joseph E. Stiglitz, Scientific American, 1 de agosto de 2023. (Scientific American)
