Por Redacción
De entretenimiento a enfermedad
Hace apenas unos años, las apuestas deportivas eran una actividad reservada para casinos, hipódromos o centros especializados. Hoy basta con un teléfono móvil, una tarjeta bancaria y menos de cinco minutos para comenzar a apostar en cualquier momento del día.
La expansión de las plataformas digitales, el patrocinio masivo de equipos deportivos y la publicidad constante en redes sociales y transmisiones deportivas han convertido las apuestas en una práctica cotidiana para millones de mexicanos. Sin embargo, detrás de la promesa de ganancias rápidas se encuentra una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS): el trastorno por juego o ludopatía.
En México, especialistas advierten que el fenómeno está creciendo más rápido que la capacidad institucional para prevenirlo y atenderlo.
Un problema que apenas comienza a medirse
Durante décadas, México careció de estadísticas oficiales sobre ludopatía. La propia Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación reconoce que el país no contaba con información epidemiológica suficiente para dimensionar el problema y que apenas recientemente comenzaron investigaciones específicas sobre el fenómeno.
Los primeros datos nacionales llegaron con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025.
Los resultados muestran un panorama preocupante:
- Cerca de 4 millones de mexicanos participaron en juegos con apuestas durante 2025.
- Aproximadamente 249 mil personas presentan problemas asociados al juego.
- 6.3% de quienes apuestan cumplen criterios de juego problemático.
- Entre adolescentes, 6.9% ya participa en apuestas, mientras que 7% de ellos presenta indicadores de juego problemático.
Los especialistas consideran que estas cifras probablemente están subestimadas debido al subregistro y al estigma que aún rodea la enfermedad.
La revolución digital cambió las reglas
Si antes era necesario acudir físicamente a un casino, hoy la ludopatía cabe en un bolsillo.
Las aplicaciones permiten:
- apostar las 24 horas;
- recibir bonos de bienvenida;
- jugar en tiempo real durante eventos deportivos;
- realizar pagos instantáneos;
- obtener notificaciones permanentes para seguir apostando.
La facilidad tecnológica elimina prácticamente todas las barreras tradicionales.
Expertos consultados por distintos medios advierten que la publicidad dirigida principalmente a jóvenes ha normalizado el juego como una forma más de entretenimiento y hasta como una alternativa para obtener ingresos rápidos.
Cuando el cerebro deja de ver dinero
La ludopatía no es simplemente “falta de voluntad”.
El Instituto Mexicano del Seguro Social explica que se trata de un trastorno mental relacionado con alteraciones en los circuitos de recompensa del cerebro, particularmente en el sistema dopaminérgico.
Cada apuesta genera una expectativa de recompensa similar a la que producen algunas sustancias adictivas.
Con el tiempo aparecen síntomas como:
- necesidad de apostar cantidades cada vez mayores;
- incapacidad para detenerse;
- ansiedad cuando no se juega;
- irritabilidad;
- insomnio;
- obsesión constante por recuperar pérdidas.
El fenómeno conocido como “perseguir pérdidas” lleva a muchos jugadores a endeudarse pensando que una siguiente apuesta solucionará todos sus problemas económicos.
El costo económico de una adicción invisible
La mayoría de los casos no comienza con grandes cantidades.
Muchos jugadores inician apostando 50 o 100 pesos.
Después aparecen:
- créditos personales;
- tarjetas de crédito;
- préstamos digitales;
- ventas de patrimonio;
- endeudamiento familiar.
Diversos testimonios publicados en comunidades financieras mexicanas muestran historias repetidas: jóvenes profesionistas, estudiantes y trabajadores que acumularon deudas superiores a cientos de miles de pesos intentando recuperar pérdidas anteriores.
Los especialistas señalan que el daño económico suele acompañarse de:
- divorcios;
- pérdida del empleo;
- aislamiento social;
- depresión;
- ideación suicida.
Los adolescentes: el grupo más vulnerable
Uno de los mayores focos de preocupación son los menores de edad.
Aunque las plataformas exigen mayoría de edad, especialistas señalan que los controles siguen siendo insuficientes.
Muchos adolescentes conocen las apuestas a través de:
- videojuegos;
- influencers;
- transmisiones deportivas;
- amigos;
- redes sociales.
La normalización comienza desde edades tempranas.
La ENCODAT encontró que casi 7% de los adolescentes mexicanos ya participa en apuestas, una cifra considerada preocupante por los investigadores debido al riesgo de desarrollar dependencia durante la vida adulta.
Publicidad: el gran acelerador
Durante cualquier jornada de fútbol es común observar:
- anuncios de casas de apuestas;
- promociones durante las transmisiones;
- patrocinios en uniformes;
- influencers recomendando plataformas;
- bonos de “dinero gratis”.
Especialistas consideran que esta exposición constante modifica la percepción del riesgo.
El juego deja de verse como una actividad excepcional y comienza a percibirse como parte natural del deporte.
Diversos expertos han solicitado regulaciones similares a las aplicadas al tabaco o al alcohol para limitar la publicidad dirigida a menores y jóvenes.
¿Qué hace México?
El gobierno federal ha comenzado a incorporar el tema dentro de las estrategias nacionales de salud mental.
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) incluyó por primera vez el análisis del juego problemático dentro de la ENCODAT y desarrolla mecanismos de vigilancia mediante el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones.
Por su parte, el IMSS recomienda buscar atención especializada cuando existan señales como:
- mentir sobre el dinero apostado;
- pedir préstamos para seguir jugando;
- descuidar trabajo o familia;
- intentar dejar de apostar sin lograrlo;
- apostar para aliviar ansiedad o tristeza.
El desafío pendiente
México enfrenta un escenario complejo.
Mientras la industria de las apuestas deportivas continúa creciendo impulsada por la digitalización, las campañas preventivas siguen siendo limitadas y la atención especializada resulta insuficiente frente al número potencial de afectados.
Los expertos coinciden en que la ludopatía debe dejar de entenderse como un problema de disciplina personal para ser tratada como un asunto de salud pública.
La combinación de acceso inmediato, publicidad intensiva, plataformas digitales y escasa percepción del riesgo ha creado un entorno propicio para que una actividad recreativa se transforme, en miles de casos, en una enfermedad que destruye patrimonio, relaciones familiares y proyectos de vida.
Como ocurre con otras adicciones, la prevención, la regulación y el acceso oportuno a tratamiento serán determinantes para evitar que la próxima apuesta termine costando mucho más que dinero.
