La revolución de los pagos sin efectivo en México ha llegado hasta los puestos de tacos y las tienditas de barrio, transformando un panorama que hace apenas una década parecía inalcanzable para los pequeños comerciantes.
Cuando el Mundial de Fútbol 2026 inicie en junio en las sedes mexicanas de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, los aficionados que acudan a comprar un taco al pastor, unas quesadillas o una botella de agua en la calle podrán pagar con tarjeta de débito o crédito en la mayoría de estos establecimientos informales. Lo que antes era impensable —un puesto callejero con lector de tarjetas— ahora es cada vez más común gracias a la irrupción de las agregadoras de pagos o fintechs no bancarias.
Hasta inicios de la década de 2010, aceptar pagos con tarjeta era un lujo reservado a grandes comercios. Las instituciones bancarias tradicionales exigían trámites engorrosos, cobraban comisiones superiores al 3% y priorizaban a clientes corporativos. En 2013, nueve de cada diez transacciones en México aún se realizaban en efectivo, mientras que en Estados Unidos ya predominaban los pagos electrónicos en compras presenciales.
El punto de inflexión llegó en 2014, cuando la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) abrió la puerta a entidades no bancarias para procesar pagos con tarjeta sin necesidad de una licencia completa de banca. Surgieron así las agregadoras (como Clip, Mercado Pago y Konfío), empresas que simplificaron el acceso a terminales punto de venta (TPV o POS) con menores requisitos, comisiones más competitivas y dispositivos móviles o portátiles fáciles de usar.
Los resultados han sido impresionantes. Según datos oficiales de la CNBV, México pasó de menos de un millón de terminales POS en 2013 a alrededor de 6.5 millones en los reportes más recientes (con cierre de datos hacia 2024-2025 y cobertura en el 94% de los municipios). El crecimiento ha sido explosivo: un aumento de más de seis veces en poco más de una década.
Lo más destacable es el rol protagónico de las entidades no bancarias. Al cierre de 2024, los agregadores y adquirentes no bancarios concentraban cerca del 79% del total de TPV (aproximadamente 78.66% de 6.54 millones), con los agregadores solos representando alrededor del 70% (más de 4.5 millones de dispositivos). Empresas como Mercado Pago superaron el millón de terminales activas en 2025, mientras Clip y otras han expandido su presencia en el sector informal.
Este boom no solo facilita la vida a los consumidores —especialmente a los visitantes internacionales durante el Mundial— sino que impulsa la inclusión financiera. Cada terminal instalada en una taquería o tienda de abarrotes genera un historial transaccional que antes no existía. Ese registro abre puertas a créditos formales, préstamos y otros servicios financieros para microempresarios que operaban exclusivamente en efectivo.
Mientras los bancos tradicionales tardaron décadas en intentar cablear el país para pagos digitales, las fintech lo lograron en menos de 10 años con modelos ágiles, enfocados en el smartphone y en comisiones accesibles. El resultado es un ecosistema más inclusivo que prepara a México para un futuro menos dependiente del efectivo, justo a tiempo para recibir al mundo en el 2026.
Con información de reportes oficiales de la CNBV (Panorama Anual de Inclusión Financiera) y análisis del sector fintech.
