Ciudad de México, 2 de marzo de 2026 – En los últimos años, México ha enfrentado una escalada alarmante en la demanda de tratamientos de hemodiálisis, un procedimiento vital para pacientes con insuficiencia renal crónica (ERC). Según datos oficiales de la Secretaría de Salud (SSA), esta demanda ha pasado de aproximadamente 40,000 pacientes en la década pasada a más de 100,000 en la actualidad, saturando los sistemas de salud pública como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el ISSSTE. Este incremento se atribuye principalmente a la diabetes mellitus tipo 2, una enfermedad directamente ligada al consumo excesivo de azúcares procesados, en particular a través de bebidas azucaradas como los refrescos.
El problema radica en el alto consumo per cápita de refrescos en el país, que alcanza los 166 litros anuales por persona, según informes de la SSA y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esta cifra posiciona a México como uno de los mayores consumidores mundiales de estas bebidas, superando en más del triple el promedio global. Estudios recientes, como uno publicado en Nature Medicine, estiman que el 30% de los nuevos casos de diabetes tipo 2 –equivalentes a 169,425 personas al año– se deben directamente a este hábito. Además, el 14.9% de las muertes asociadas a la diabetes se vinculan al mismo factor, agravando una crisis que cuesta miles de millones de pesos al sector salud.
La diabetes, que afecta a más de 15 millones de mexicanos según la Federación Internacional de Diabetes y datos del IMSS, es la causa principal de ERC en el país, representando hasta el 53% de los casos en terapias de sustitución renal. En el IMSS, que atiende al 50% de los pacientes en diálisis a nivel nacional, se reportan más de 76,000 personas en tratamientos como hemodiálisis o diálisis peritoneal, con un crecimiento anual del 6%. El subsecretario de Salud, Eduardo Clark, ha destacado que este “motor silencioso” de enfermedades metabólicas como la obesidad, hipertensión y diabetes genera 100,000 muertes anuales por complicaciones relacionadas, incluyendo fallos renales que requieren diálisis. Cada paciente en hemodiálisis cuesta al sistema público alrededor de 415,000 pesos al año, una carga insostenible que podría duplicarse para 2027 si no se revierten las tendencias.
El impacto en la esperanza de vida es devastador: el consumo de bebidas azucaradas reduce en promedio 4.2 años de vida saludable, según el titular de Salud, David Kershenobich. 0 En 2024, el INEGI registró 112,641 muertes por diabetes y 192,563 por enfermedades cardiovasculares, muchas de ellas agravadas por ERC. Regiones como Chiapas y Tabasco muestran consumos extremos, superando los 300 litros per cápita, lo que acelera la prevalencia de diabetes y, por ende, la necesidad de diálisis.
Expertos advierten que, sin intervenciones más agresivas –como el reciente aumento en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a bebidas azucaradas propuesto en el Paquete Económico 2026–, la saturación de servicios médicos continuará. El IMSS ya reporta que el 85% de los casos de ERC se deben a diabetes e hipertensión, y proyecciones indican que para 2025 podría haber 212,000 casos de insuficiencia renal terminal.
Esta crisis no es inevitable. Medidas preventivas, como campañas de educación nutricional y mayor acceso a agua potable en zonas rurales, podrían mitigar el daño. Sin embargo, mientras el consumo de refrescos siga siendo culturalmente arraigado y promocionado por la industria, México pagará un alto precio en vidas y recursos. La SSA urge a una acción colectiva para revertir esta “epidemia silenciosa” que amenaza la sostenibilidad del sistema de salud nacional.
