Misión humanitaria para salvar a un niño de 2 años con quemaduras graves termino en desastre con seis fallecidos
Galveston, Texas / 11 de febrero de 2026 – Una operación de evacuación médica aérea coordinada por la Secretaría de Marina (SEMAR) de México se convirtió en una de las tragedias aéreas más lamentables de finales de 2025. El 22 de diciembre pasado, un Beechcraft King Air 350 (matrícula ANX-1209) se estrelló en las aguas de la bahía de Galveston, Texas, durante la aproximación al Aeropuerto Scholes International (GLS), dejando un saldo de seis personas fallecidas y dos heridas graves.
La aeronave partió de Mérida, Yucatán, en una misión humanitaria para trasladar a Federico Efraín Ramírez Cruz, un niño de 2 años con quemaduras severas en cerca del 40% de su cuerpo (causadas por un accidente doméstico con agua hirviendo), junto a su madre y personal médico, hacia el hospital Shriners Children’s en Galveston. El vuelo se realizaba en colaboración con la Fundación Michou y Mau, especializada en traslados de menores con quemaduras graves desde México a Estados Unidos para recibir atención especializada.
A bordo viajaban ocho personas: cuatro tripulantes de la Marina (incluyendo piloto y copiloto) y cuatro civiles (el menor, su madre y dos acompañantes o personal médico). El accidente ocurrió en condiciones meteorológicas extremas, con niebla densa que reducía drásticamente la visibilidad (techos de nubes entre 200 y 300 pies y baja visibilidad horizontal).
Según el informe preliminar de la National Transportation Safety Board (NTSB), publicado a finales de enero de 2026, una cadena de errores operativos y malentendidos en las comunicaciones con el controlador de tráfico aéreo contribuyeron decisivamente al siniestro. Entre las irregularidades clave se encuentran:
- Confusiones repetidas en la interpretación de altitudes asignadas (por ejemplo, lecturas erróneas de instrucciones como 2,000 pies).
- La tripulación entendió incorrectamente una autorización de aproximación como permiso para aterrizar, lo que generó correcciones urgentes del controlador.
- No se ejecutó un viraje necesario para alinearse con la trayectoria RNAV de aproximación.
- Descenso por debajo de altitudes mínimas seguras, activando alertas de proximidad al terreno (GPWS/TAWS), antes de que se perdiera el contacto radar.
La aeronave impactó el agua en West Bay, a unos 800 metros de la costa, tras perder el control durante la aproximación final. Las labores de rescate y recuperación se complicaron por la persistente niebla, que dificultó la localización de víctimas y restos.
De las ocho personas a bordo, perecieron el piloto, el copiloto, dos miembros adicionales de la tripulación y dos pasajeros (incluyendo el pequeño Federico). Dos sobrevivientes sufrieron lesiones graves, pero lograron recuperarse con atención médica.
La NTSB subraya que el reporte es preliminar y que la investigación continúa para determinar factores adicionales, como procedimientos de entrenamiento, protocolos de la tripulación o posibles limitaciones del equipo. El suceso generó profunda consternación en México y Estados Unidos, resaltando los riesgos de las misiones médicas en condiciones adversas y la importancia crítica de una comunicación precisa en aviación.
La Secretaría de Relaciones Exteriores de México coordinó la repatriación de las víctimas, mientras autoridades texanas y federales estadounidenses apoyaron en las operaciones de búsqueda y peritajes. Este incidente recuerda la vulnerabilidad de los vuelos humanitarios y la necesidad de reforzar protocolos en entornos de baja visibilidad.
