Veinticinco años después de que sus acusaciones contra políticos, policías, ejecutivos de agencias y un príncipe fueran silenciadas y atribuidas a un “colapso mental”, los archivos de Jeffrey Epstein y el movimiento #MeToo han devuelto protagonismo a la historia de la holandesa que pagó con su carrera y su salud el precio de hablar primero.
Por redacción:
París, febrero de 2026. Mientras los últimos documentos judiciales del caso Epstein siguen generando titulares, en redes sociales y foros de todo el mundo resurge un nombre que muchos creían olvidado: Karen Mulder. La supermodelo holandesa de los años 90, una de las primeras “Angels” de Victoria’s Secret y musa de Versace, Chanel y Dior, es hoy llamada por muchos la “denunciante original” o “la Cassandra de las pasarelas”. Su advertencia de 2001 sobre redes de explotación sexual en la industria de la moda y entre las élites europeas fue descartada entonces como delirio. Hoy, tras la caída de Jeffrey Epstein, la condena y muerte de Jean-Luc Brunel y las múltiples demandas contra figuras de la moda, su testimonio se lee con otros ojos.
El ascenso de una diosa etérea
Nacida el 1 de junio de 1970 en Vlaardingen (Países Bajos), Karen Mulder fue descubierta casi por accidente en 1985, cuando una amiga envió sus fotos al concurso Look of the Year de Elite. Firmó con la agencia parisina y en pocos años se convirtió en una de las modelos mejor pagadas del mundo. Trabajó con los grandes: Versace, Dior, Chanel, Yves Saint Laurent, Valentino. Fue portada de Vogue en múltiples ediciones, protagonizó campañas de Calvin Klein, Revlon y Guerlain, y desfiló en los primeros Victoria’s Secret Fashion Shows. Medía 1,78 m, tenía cabello rubio platino y ojos grises que transmitían una elegancia casi irreal. La prensa la apodó “The Blonde with Class”.
En la cúspide de su fama, Mulder parecía tenerlo todo: dinero, reconocimiento y una vida de lujo entre París, Nueva York y el sur de Francia, donde compró un castillo que convirtió en refugio para niños desfavorecidos.
La noche en que todo cambió: 31 de octubre de 2001
Todo se derrumbó en directo. En el plató de Tout le monde en parle, el popular programa de France 2 presentado por Thierry Ardisson, Mulder, entonces de 31 años, hizo declaraciones explosivas ante el público en vivo. Afirmó haber sido violada repetidamente por policías, políticos franceses de alto rango, ejecutivos de su antigua agencia Elite Model Management y, según múltiples fuentes que citan sus palabras posteriores, por el propio príncipe Alberto II de Mónaco.
La entrevista nunca se emitió. Los productores cortaron la grabación y, según informes posteriores, borraron la cinta maestra. Días después, Mulder repitió las acusaciones en una entrevista concedida desde su apartamento de París a una revista semanal. Describió un sistema en el que modelos jóvenes eran drogadas, manipuladas y entregadas a hombres poderosos a cambio de contratos o favores. Mencionó coerción sexual sistemática y una red que involucraba a la industria de la moda, autoridades y élites.
Horas después de la publicación, su hermana Saskia la llevó a la clínica psiquiátrica Villa Montsouris. Permaneció ingresada varios meses. Según algunas versiones, parte de la estancia fue pagada por Gérald Marie, entonces presidente europeo de Elite, uno de los hombres a los que Mulder había señalado. Sus padres atribuyeron el episodio a problemas con las drogas y al estrés de la fama.
El precio del silencio
Lo que siguió fue un calvario público. En diciembre de 2002, Mulder sufrió una sobredosis de somníferos en su apartamento de la avenida Montaigne. Cayó en coma y fue hospitalizada de urgencia. Sobrevivió, pero su imagen quedó marcada para siempre como “la supermodelo inestable”.
Tuvo una hija, Anna, en octubre de 2006. Regresó brevemente a las pasarelas en 2007 para el desfile de alta costura de Dior junto a Naomi Campbell, Linda Evangelista y otras leyendas. En 2009 fue detenida brevemente en París por supuestas llamadas amenazantes a su cirujano plástico. Desde entonces, ha elegido el anonimato casi total.
Contexto actual: las piezas que encajan
La historia de Mulder adquiere nueva dimensión a la luz de investigaciones posteriores. Jean-Luc Brunel, scout de modelos y estrecho colaborador de Epstein, fue acusado por decenas de mujeres de violación y tráfico sexual. Dirigió agencias como Karin Models y MC2, y mantuvo estrechos lazos con Elite en los años 80 y 90. Brunel murió en prisión en 2022, oficialmente por suicidio. Gérald Marie también enfrenta acusaciones históricas de abuso sexual.
Mulder nunca mencionó directamente a Epstein en 2001, pero describió exactamente el tipo de red que años después se destaparía: agencias de modelos usadas como fachada para explotación sexual de menores y jóvenes, clientes poderosos (políticos, empresarios, figuras de la realeza) y un sistema de protección que silenciaba a las víctimas.
Los archivos Epstein liberados recientemente (la última tanda salió a la luz el 6 de febrero de 2026) no contienen el nombre de Mulder. Sin embargo, en redes como Instagram, X y Threads, miles de usuarios la señalan como precursora del #MeToo en la moda. Fan accounts han anunciado que la propia Mulder ha abierto recientemente una cuenta oficial en Instagram (@thekarenmulder), rompiendo años de silencio mediático.
Una voz que aún resuena
Hoy Karen Mulder ronda los 55 años y vive una vida privada, presuntamente en París o en el sur de Francia, junto a su hija. Ha rechazado sistemáticamente entrevistas y apariciones públicas. Su caso ilustra un patrón clásico: cuando una mujer hermosa y famosa denuncia abuso por parte de hombres poderosos, la respuesta institucional suele ser la patologización. “Estaba loca”, “drogas”, “colapso nervioso”. Veinticinco años después, muchas de esas mismas estructuras —agencias, marcas de lujo, círculos elitistas— siguen bajo escrutinio.
Mulder no obtuvo justicia formal. Ninguna de sus acusaciones principales derivó en condenas públicas contra los nombres que mencionó. Pero su testimonio, enterrado durante décadas, funciona hoy como advertencia histórica: la industria de la moda y las élites que la rodean han ocultado durante mucho tiempo un lado oscuro que solo ahora, con lentitud y resistencia, comienza a salir a la luz.
En una época en la que las víctimas ya no están dispuestas a callar, la historia de Karen Mulder deja una pregunta incómoda: ¿cuántas otras “Cassandras” fueron silenciadas antes de que el mundo estuviera listo para escucharlas?
Este reportaje se basa en fuentes públicas, entrevistas de archivo, documentos judiciales y coberturas periodísticas recientes. Las acusaciones de Mulder siguen siendo alegaciones no probadas en sede judicial contra las personas mencionadas.
