Jonathan Haidt, autor del best-seller The Anxious Generation (2024), ha intensificado el debate mundial sobre los riesgos de las redes sociales para niños y adolescentes. En el podcast Hard Fork de The New York Times (16 de enero de 2026), Haidt presentó su investigación más reciente junto a Zachary Rausch, publicada como capítulo en el World Happiness Report 2026 (preprint disponible desde enero de 2026). El trabajo organiza siete líneas de evidencia que responden a la pregunta clave: ¿son seguras las redes sociales para niños y adolescentes en su uso típico (alrededor de cinco horas diarias)? La respuesta es contundente: no.
Entre los hallazgos principales destacan pruebas abrumadoras de daños directos a gran escala —como ciberacoso, sextorsión, acoso sexual frecuente y exposición a contenidos que fomentan autolesiones o trastornos alimenticios— y evidencia causal de daños indirectos en salud mental, incluyendo depresión y ansiedad. Estudios incluyen experimentos de reducción de uso (algunos realizados por Meta), longitudinales, experimentos naturales y documentos internos de plataformas que reconocen impactos negativos. Haidt subraya que ya no se trata solo de correlación —como defienden figuras como Mark Zuckerberg—, sino de causalidad demostrada mediante métodos rigurosos como ensayos controlados aleatorios.
Este avance coincide con un momentum regulatorio internacional: Australia prohibió redes a menores de 16 años, Francia avanza en vetos para menores de 15, y países como Malasia, Dinamarca y Nueva Zelanda exploran medidas similares. Haidt también advierte sobre riesgos futuros con compañeros de IA.
En México, la situación es particularmente preocupante y demanda acción urgente. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024 del INEGI, el acceso a internet es masivo entre jóvenes: más del 95% en grupos de 12-17 y 18-24 años, con un promedio de 4.4 horas diarias de uso (hasta 5.7 en 18-24 años). El 90.4% accede a redes sociales, siendo las más usadas WhatsApp, Facebook, YouTube y TikTok. Datos de la CDHCM (2025) indican que el 69% de niñas, niños y adolescentes son usuarios de redes, muchos desde los 8 años, y encuestas del IFT (2024) muestran que el 74% de niños y niñas usan alguna plataforma, con TikTok liderando (71%).
Estudios locales vinculan este uso excesivo con mayores síntomas de ansiedad, depresión, estrés y malestar psicológico, agravados por comparación social, ciberacoso, alteraciones del sueño y exposición a contenidos dañinos. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) y reportes de REDIM destacan que millones de adolescentes mexicanos enfrentan estos riesgos, con tasas más altas en mujeres.
En el país faltan especialistas en salud mental infantil y un marco federal integral que obligue a plataformas a verificar edades reales, limitar algoritmos adictivos o implementar protecciones estrictas. Iniciativas estatales, como la Ley Kuri en Querétaro (que penaliza grooming y acoso digital, y restringe celulares en escuelas), son avances positivos pero insuficientes. A nivel federal, hay propuestas en el Congreso para adicionar salvaguardas a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, incluyendo sistemas de verificación de edad y restricciones a menores de 16 años en redes, inspiradas en modelos internacionales.
Las recomendaciones de Haidt —evitar smartphones antes de la secundaria (alrededor de 14 años) y redes sociales antes de los 16— hacen eco fuertemente en México, donde la “infancia basada en smartphone” desplaza el juego libre y afecta el desarrollo emocional y social. Padres, educadores y autoridades coinciden: sin límites claros y supervisión, los daños persisten a escala poblacional.
El mensaje central de Haidt es urgente: las redes no son neutrales para menores; su diseño adictivo causa daños masivos y demostrables. México, con millones de adolescentes expuestos, debe acelerar regulaciones, educación digital y políticas protectoras para resguardar a esta generación antes de que los impactos sean irreversibles.
