“Dame una palanca y moveré al mundo”
Javier Velasco
Arquímedes sostuvoque, mediante una palanca suficientemente larga apoyada en un fulcro, es posible generar una ventaja mecánica para mover cargas inmensas como la propia tierra. Este principio visto desde una perspectiva convergente, nos ha dilucidado infinidad de fenómenos relacionados con la fuerza y el movimiento. Los mismo, sin duda, tiene que ver con ladefinición de los rostros culturales, con la construcción identitaria… pero, desde el pensamiento divergente, creativo e industrioso, en donde la iniciativa, el poder de fantasía, la toma de decisiones, las interacciones sociales y las necesidades naturales, sensibles y humanas se ponen en juego para apropiarnos de esosrostros.
La cultura de un pueblo, no es algo ya hecho definidamente terminado para únicamente ser trasmitido en ese afán gregario, sino algo que se hace y se rehace todos los días… que trasciende en la línea del tiempo de generación en generación en lo dinámico, simbólico y perene, a través de un proceso histórico acumulativo y propiamente selectivo, poniendo siempre el énfasis en la creación, evitando caer en una concepción anquilosada de “cultura”; ejercicio recurrente de las “políticas culturales” actuales y, concretamente locales, como si todo consistiera en recibir y hacer uso del patrimonio inmutable, mediante una palanca limitadamente corta y un punto de apoyo equivocado para así hacer comunidad con rostro identitario.
La “creación”, no solo enriquece los legados culturales, sino, ante todo, la actualiza, adecuándola a los tiempos y contemporaneidades circunstanciales sustantivas, dando respuestas convincentes y, asimismo, eficaces con relación a los nuevos fenómenos. El “hecho creativo”, sin duda, es la palanca de dimensiones apropiadas y el punto de apoyo certero, para promover el cambio en las culturas de acuerdo a las necesidades sociales. Sin la fusión de pensamientos divergentes, la cultura se vuelve estática, desvinculándose progresivamente de la vida real y convirtiéndose en una parodia de sí misma… en algo que únicamente se exhibe y, por lo tanto, no se vive.
El “acto creativo”, no se realiza en la vacuidad al margen del tiempo y el espacio, de espalda “institucional” a las circunstancias y necesidades sociales en el aquí y el ahora, cegados por un falso universalismo. Posiblemente por ello, se deba el hecho de tener salas de conciertos vacías, la visita esporádica a los museos y galerías, contando únicamente con los grupos escolares que bajan de un camión para “apropiarse” de la cultura, a el taller de “artesanías” llevado a cabo en una escuela primariasin articulación a un método de proyectos, a las bibliotecas públicas habitadas por lectores de periódico, consultores del internet o como la antesala de los estudiantes que preparan un examen escolar, al “show” mediático y masivo en el marco de una celebración local, sin una conexión sustantiva con la cotidianeidad amén del desarrollo identitario, a veladas de sótano al compás notas con aires de “Nuevo Orleans”, a una institución para la formación de profesionales de las artes que sabe como mantenerlos ahí durante cuatro o más años y, después desentenderse de lo que posteriormente hagan… a una lista interminable de episodios que solo se definen en el plano de la contemplación de la “cultura”, de cara a la compra de un reconocimiento internacional como“Capital Latinoamérica” de la misma, pretendiendo hacer palanca con mondadientes, bajo reflectores “iluminando” los egos de los “responsables” de la cultura institucionalizada y dominante.
Todo “acto creativo” es histórico ya que se inscribe en la historia de la propia cultura, como algo dinámico y sin referentes estáticos o anquilosados; es lo que da sentido preciso en el marco de que deberán ser valorados los códigos para su interpretación y, su consecuente y necesaria transformación. Las obras que se pretenden mostrar fuera de la historia de la cultura de la que son producto, resultan comúnmente híbridas, podres y sin fuerza. Los grandes proyectos culturales y artísticos, las grandes obras que han trascendido en el tiempo, el espacio y en las circunstancias, son las que supieron encontrar el punto de apoyo con la profundidad necesaria, en el espíritu de un lugar y una época, identificando los resortes adecuados de la “comunidad”; porque el “acto creativo” no es algo que solamente les incumba a unos cuantos “elegidos” entre “artistas” e “intelectuales”, se trata de más palancas creativas para promover la configuración de la cultura. Quien construye una casa o funda una organización, definitivamente está creando y, sobre todo, si el que hace construye algo nuevo. La o el profesor de preescolar que le pide a las y los niños que dibujen una casa, la cual deberá traducirse definitivamente con un techo de dos aguas con tejas de rojo marrón, coronada por una chimenea,bajo un sol amarillo entre nubes blancas con trasfondo azul y, por supuesto, sin que falte aquel árbol de tronco café, follaje verde y frutos rojos a un costado de un sendero entre pastos… definitivamente, está limitando al ejercicio y derecho genuino del alumno para apropiarse de la cultura a la cual verdaderamente pertenece, sin palanca ni punto de apoyo pedagógico y didáctico para mover transformar… ¿Cuántos de nosotros vivimos en una casa conceptualizada de “esa manera”? Este ejemplo indiscutiblemente, ilustra el estancamiento cultural.
No hay libro sin lector, ni cine sin espectador, sala de conciertos sin oídos expectantes o miradas abiertas, alertas y analíticas en la galería. La respuesta de los miembros de una sociedad, es la que determina el verdadero sentido de una obra o hecho artístico, en la suscripción del cauce de la cultura en un acto compartido, por encima de lo limitadamente individual.La creación es algo propio… algo eminentemente natural de la condición humana, que en menor o mayor medida todos hacemos y, no por el patrimonio exclusivo de la elite o de unos pequeños cuadros de iluminados. La creación constituye ese acto imaginativo que ha sacado a la humanidad de sus fangos empantanados, bajo políticas culturales de cara a la construcción y trasformación de la comunidad;porque la cultura no es más que el receptáculo dinámico de experiencias individuales que sumadas y multiplicadas, no restan ni dividen, sino que encuentran su arraigo para figurar históricamente.
Cabe mencionar, además, que la cultura no solamente se enriquece por su creación; definitivamente, crece en su memoria viva por su apropiación. La apropiación de la cultura es un acto por naturaleza selectivo, mediante el cual el sujeto o el colectivo, analizan los elementos propios de otra cultura y la hace suya… la adopta de acuerdo a sus convenientes fines y necesidades, incorporándolos así, a su patrimonio. Las misiones jesuíticas que se instalaron en las selvas guaraníes del Paraguay, entre los siglos XVII y XVIIIcomo una hermosa y trascendente utopía, descrita bellamente bajo la pluma de Alberto Armani en su obra “Ciudad de Dios y Ciudad del Sol”, el “Estado” jesuita de los guaraníes entre1699 y 1768, refleja este ejercicio de apropiación genuina y creativa de la cultura. Mientras los jesuitas mediante la enseñanza de las artes y los oficios como un vehículo infalible para la evangelización, que entre líneas no era más que el reflejo de una intervención cultural en función de un despertar social y, del mismo modo, una afán humano y sensible de preservar la identidad guaraní bajo la esclavitud y el dominio portugués; al construir las templos en el corazón de las selvas e incorporar las imágenes propias del catolicismo para su culto y veneración, los naturales mediante un proceso de filigrana y paciencia jesuítica, las incorporaban a sus creencias sin restar el culto a sus deidades originarias ligadas a la naturaleza como el Ñamandú (creador). A esta apropiación de la otra cultura para sumarla a la original y propia, antropológicamente la conocemos como “sincretismo”; proceso que no necesariamente violenta, transgrede, renuncia e elimina a la originalidad de una identidad, sino que la enriquece, la trasciende y la transforma para definirla en arraigossustantivos; opuesto a todo aquello que identificamos como “transculturización”, como bien pudiera ser, por ejemplo, la presencia ya en décadas del Halloween en México, ante la ya bien arraigada y sincretizada ofrenda a los muertos mexicanizada, la cual tuvo sus orígenes en Centroamérica.
Sin duda, la apropiación de la cultura depende de la dimensión correcta de la palanca con la que, de acuerdo a un punto de apoyo creativamente definido, se pretenda mover “algo” eminentemente colectivo y necesariamente social. Muchas instituciones culturales aún no alcanzan a comprender las entrañas dinámicas de este binomio natural entre cultura y creación artística, promoviendo su desarrollo, gestión y administración como “El cajón del sastre”, en donde el que saca la aguja e hilo para pegar un botón, no necesariamente se trata del mismo sastre, sino de un modisto elegido a través de las “políticas culturales dominantes”, con base en la celebración de pactos o pago de cuotas.
Mediante el proceso de “apropiación de la cultura” un sujeto individual o un colectivo, analizan y viven los elementos de otra cultura, incorporándola a sus prácticas de acuerdo a sus convenientes fines como parte de su patrimonio, en una suerte desde el punto de vista antropológico, de “préstamo cultural”. Ninguna organización social es del todo original, ya que, absolutamente “todos” apelamos a los “préstamos culturales dentro de su proceso histórico.Escasamente los elementos culturales ingresan sin modificación alguna, sin ningún rasgo en donde una cultura haya coleccionado un mosaico en su muro compuesto por identidades distintas, ya que además, se trata, igualmente natural al ser humano, de un proceso de adaptación… de esa búsqueda homeostática en donde los individuos que conforman una comunidad, anhelan y necesitan un mínimo de bienestar placentero, o bien, la satisfacción de necesidades más complejas y trascendentes en su afán de figurar como agentes de cambio. Estos cambios productivos en función de la adaptación,afectan las formas y los medios y, asimismo, los enriquecen; porque el ser humano, también por su naturaleza, se encuentra en constante búsqueda, en donde un elemento cultural para a representar otra cosa, circunstancia o situación se resignificaadquiriendo funciones que inicialmente no tenía.
Las “instituciones culturales” deben resignificarse para figurar de manera sustantiva en la línea del tiempo, incorporando a su quehacer la serie de palancas necesarias y adecuadas para aplicarlas en los puntos de apoyo certeros que den con la consonante adecuada… con ese proceso adaptativo, por medio de “políticas” horizontales que generen la comunicación reciproca y no se estanquen en la simple contemplación. La cultura es un fenómeno compartido en constante resonancia social. Golpeando con admiración ante el realismo esculpido en “El Moisés”, Michelangelo Buonarroti golpeo la colosal figura reclamándole que hablara. La cultura esta compuesta por una diversidad de lenguajes; no es un proceso mudo con umbrales desarticulados. La cultura encuentra en el arte y sus caminos creativos la resignificación para hacerse viva y perene.
