- Javier Velasco
El papel que ha jugado la educación artística en México, analizando su contexto histórico, en relación a los diferentes planes y programas de estudio que han caracterizado a diferentes reformas, con el propósito de poner en valor la importancia de los lenguajes artísticos, no solamente para la producción de eventos o la profesionalización de los productores y creadores, sino como una serie de saberes que pueda incorporar al individuo en la vida cotidiana, ha sido sin duda, uno de los grandes debates en torno a la búsqueda de los mejores caminos para materializar el arte al alcance de todas y todos. A pesar estos grandes esfuerzos en términos de “reformas”, la educación artística enfrenta grandes desafíos amen de formar mediante el arte, ciudadanos creativos, críticos y cultualmente conscientes.
La educación artística nacional ha sido un territorio de trasformación constante, desde los grandes cambios en los modelos de enseñanza como los fueron las Misiones Culturales impulsadas por José Vasconcelos, de cara ante un México con un índice alarmante de analfabetismo y la necesidad de llevar las artes y los oficios a las zonas rurales más marginadas o bien, por citar otro ejemplo, en la época de Lázaro Cárdenas de 1934 a 1940, en donde la educación artística impulsó un movimiento para recuperar las tradiciones populares, dando lugar, posteriormente, a la creación del Sistema Nacional de Educación e Investigación Artística, el cual, a pesar de esfuerzos sensibles de artistas, pedagogos, educadores y promotores culturales de la época, no llegaron a definirse con la fuerza y el impacto esperado, por la falta de voluntades políticas y, desde luego, por la ausencia de coordinación entre el entonces Instituto Nacional de Bellas Arte creado en 1947 y la Secretaria de Educación Pública; escenario de desarticulación institucional todavía aún evidente en la recta final del siglo pasado y principios de este, en donde además, paralelamente entre los años de 1988 y 2011, se instrumentaron “otras políticas culturales”, a través del satélite burocrático dominante del Consejo Nacional para la Cultura las Artes, el cual posteriormente, se convierte en Secretaria de Cultura.
Sin duda, a pesar de las instituciones públicas, la educación artística ha dado grandes frutos pero, desafortunadamente muchos de los programas de éxito e impacto social, se han diluido por los efectos sexenales, descuidando la poca información en el desarrollo de documentos sobre educación artística en el país y, asimismo, la enajenación de la cultura mexicana, perturbando de esta manera la creación, la investigación y por lo tanto, el acceso a las manifestaciones artísticas desde una perspectiva eminentemente pedagógica.
El surgimiento de las “nuevas disciplinas” en los campos de la psicología del desarrollo y cognitiva, las cuales caracterizaron a la Modernización Educativa paralelamente concebida, con el tratado del libre comercio en la década de los noventa, planeado los logros en los procesos de enseñanza en “propósitos de aprendizaje” y, posteriormente, hasta hace algunos años, en el “aprendizaje por competencias”, marcaron algunas pautas para que la educación artística, figurara de algún modo en los planes y programas de estudio de la educación básica. A estos grandes momentos, surgieron también grandes acontecimientos, con el afán de brindar un peso curricular relevante y sustantivo que merecen los lenguajes artísticos en los sistemas de enseñanza formal escolarizada, como lo fue en el escenario nacional, el Plan de Actividades Culturales en Apoyo a la Educación Primaria de 1985 al 2002 instrumentado por la SEP y el CONACULTA y, de manera local, el Programa de Educación Artística en el Nivel Básico (PROEA – PROARTE) entre el año 2000 y 2014. Dos momentos relevantes en términos de proyectos comunitarios, en función de la comprensión de nuevas maneras de construir la identidad, el desarrollo, el desenvolvimiento y el rol que el individuo tiene en la sociedad, por medio de las artes y su universo de bondades pedagógicas.
Dicho está que la ocupación artística en las aulas de clase, por su amplio registro de vivencias anímicas y por la íntima coordinación entre la actividad psíquica y física, lleva por citar un ejemplo, a la transformación del cuerpo, haciéndose cada vez más accesible y repetitivo a los impulsos de la interioridad del educando, colocándolo en una serie de caminos creativos para responder a sus realidades inmediatasy, al mismo tiempo, desarrollando la sensibilidad de sus sentidos.
La educación artística, al margen de los accidentes institucionales, reformas y “políticas culturales dominantes”, ha sido un soporte fundamental para materializar el desarrollo integral de las y los estudiantes. Queda totalmente claro que, como lo afirma Gardner, cada ser humano tiene formas únicas de interpretar su entorno y, de esta manera, desarrollarsus propias concepciones sobre el mundo y, en esta individualidad de interpretación y construcción del conocimiento, versa la importancia de la enseñanza de las artes, la cual favorece las diferentes formas de expresión y comprensión, construyendo el desarrollo personal, social y cultural del individuo.
De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la educación debe estar a disposición de toda la población, sobre todo en las generaciones de niños y jóvenes, asegurando en ellos resultados que permitan su adecuado desempeño en la vida económica, cívica y familiar, ya que el Estado debe considerar que la educación es el pilar esencial para el desarrollo de una nación y, por lo tanto, todas las reformas educativas deben de responder a sus necesidades sociales. Esta declaratoria de la OCDE (2055), aparentemente podría girar en la obviedad, pero lamentablemente representa letra muerta ante la mayoría de las voluntades políticas y sus reformas, al no incluir de manera constante y permanente a los lenguajes artísticos, como parte de la formación de las infancias y juventudes. México ha pasado por múltiples reformas educativas, en donde en algunos de sus episodios, el arte ha figurado un papel importante y, posteriormente ha quedado en un plano accesorio, limitado o nulo.
La ya mencionada reforma educativa de 1938 en el gobierno de Lázaro Cárdenas con énfasis en la educación popular y laica; el “Plan de Once Años” de Jame Torres Bodet en 1959, con el propósito de extender la educación a cada rincón del país; la modernización del currículum para la enseñanza científica y tecnológica en primaria y secundaria de 1972; el Plan de Acciones Modelo de la Educación Básica de 1993 y la Modernización Educativa, en el contexto del Tratado del Libre Comercio; el ajuste al Plan de Estudios de 2011 para mejorar la calidad educativa; el plan para aumentar la cobertura del Sistema Educativo Nacional de 2013; el Nuevo Modelo Educativo con la creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en el 2016; la Reforma Educativa de 2018 basada en “aprendizajes significativos”; y la Nueva Escuela Mexicana, reforma vigente sustentada en el “método de proyectos”, con base en campos formativos y ejes articuladores, quizá… el momento clave para que la educación artística, sume los esfuerzos y voluntades institucionales para este gran ejercicio, en función de una genuina “educación comunitaria”, en aras de la construcción de la comunidad, la identidad y, por consecuencia la cultura.
Estos antecedentes entorno a las reformas educativas en México, han significado sin duda, una suerte para que la educación artística se inserte con calzador, sobre la marcha, ya cuando las reformas están establecidas o los Planes Estales de Gobierno ya pasaron las mesas de consulta ciudadana o bien, surtieron efectos adicionales a los ejes de gobierno, en donde las secretarias o institutos de cultura y secretarias, concentran sus “políticas” en la producción ejecutiva de espectáculos, sin un trabajo trasversal con las instituciones educativas locales. Esta mirada al pasado, nos permite situar a la educación artística en un contexto en el cual, no ha logrado madurar sus políticas educativas y culturales, por los constantes cambios y los trabajos desarticulados entre las instituciones y, por supuesto, la falta de sensibilidad y voluntades.
Para hablar de educación artística en la enseñanza básica escolarizada, es necesario llevar a las aulas a su principal protagonista, al agente de cambio, al artista, pero también entendiendo la complejidad e ineludible impacto desde lo heterogéneo e interdisciplinario, es necesario partir de la sociedad civil, los agentes especializados (medidores, pedagogos, promotores y docentes) y el Estado. Desde la gobernanza, se puede reflexionar sobre el cómo ha sido la “evolución” de las artes de los planes de estudio. También es necesario platearnos: ¿Qué logros se encuentran en su integración y cuáles han sido las principales áreas de oportunidad? ¿Qué inacción persiste en la inclusión de las artes en la educación básica? ¿Qué aspectos aún necesitan desarrollarse para mejorar su impacto educativo? Por ello, resulta importante cuestionar cómo percibe la sociedad la presencia de las artes en la educación básica, pero sí y solo sí, si este ejercicio parte de desde la colectividad crítica, reflexiva y propositiva.
En la actualidad, son muchos los desafíos de cara a una educación artística genuinamente efectiva en el nivel básico. Para ello, es necesario recapitular y poner sobre la mesa de reflexión las verdaderas “deudas pendientes”. En los planes de estudio de 1993, 2002 y 2006, los niveles de educación básica se encontraban desarticulados en términos de investigación, diseño e implementación ya que fueron establecidos en diferentes años, presentando desajustes temporales; sin embargo, en el nivel de preescolar existió un proyecto curricular en artes que mostraba conexión con las propuestas pedagógicas de la época, como parte de un desarrollo integral de las y los menores, promoviendo no únicamente la creatividad y la expresión, sino además las habilidades cognitivas, sociales y emocionales, priorizando el aprendizaje a través del juego y la exploración. Por otra parte, en el nivel de primaria se observó un rezago en los componentes curriculares; situación alarmante por la trascendencia de este nivel de acuerdo a la UNESCO y a la OCDE en el 2015. Por el contrario, cabe reconocer que en preescolar y secundaria, fue acertado profundizar en la enseñanza de las artes escénicas y visuales.
En plan y los programas de 2011, se unificaron componentes clave de la propuesta curricular en el área de las artes, como el perfil de egreso, principios pedagógicos y evaluación, definiendo así, las competencias y las actitudes que los estudiantes deben desarrollar, así como los principios pedagógicos para promover la educación centrada en el alumno y su diversidad cultural, por medio de una evaluación con un enfoque holístico el cual puso el énfasis en el proceso creativo y en los resultados finales. En este plan, se continuó con los ejes y los campos formativos se formalizaron, continuando con la línea de desarrollo de competencias para la vida. Por el contrario, en el área de las artes, su implementación resultóinsuficiente, al revisar los lenguajes artísticos de manera superficial sin integrarse plenamente al núcleo curricular y, al mismo tiempo, no dotar con el mismo énfasis en relación a las otras áreas del conocimiento. Resulta casi seguro que, el poco impacto de las artes en este plan de estudios, se debió esencialmente a que los estándares curriculares, fueron alineados a referentes de gobernanza cultural y educativa internacionales, como el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), en donde la mayoría de la atención se centró en las áreas de español, matemáticas y ciencias, subestimando las bondades formativas de las artes en el desarrollo cognitivo y emocional de los estudiantes.
En el plan de estudios 2016, los lenguajes artísticos parecían poseer un valor protagónico más relevanteen cuanto a los perfiles de egreso, los enfoques didácticos y sus propósitos, con la intención de fomentar las competencias artísticas y el desarrollo de la creatividad, como elemento clave para la formación integral. Por el contrario, ya en la práctica, los contenidos temáticos artísticos resultaron desproporcionados, en relación a las cargas horarias y la planeación de contenidos en términos de planeación, debido al aumento en la complejidad de componentes curriculares que exigían un ejercicio más dinámico y globalizado.
Con el Plan de Estudios de la Nueva Escuela Mexicana, se han introducido cambios significativos en la estructura y el enfoque del Sistema Educativo Mexicano, a través de la transición del término de “niveles” a “fases”, el cual, indudablemente manifiesta una evolución en la comprensión del desarrollo integral de las y los alumnos a lo largo de su trayectoria formativa. Al denominar las etapas como “fases”, se destaca la importancia de adaptar los contenidos temáticos de manera específica en las diferentes etapas del desarrollo, crecimiento, maduración y aprendizaje de cada alumno y, de la misma manera, se contextualiza el aprendizaje de los saberes de acuerdo a los diferentes entornos en los cuales se desenvuelve los estudiantes, por medio de la elaboración de proyectos… digámoslo así, a través de la “lectura de la realidad”; sin duda, una forma ineludible para desarrollar cultura y los valores identitarios. La Nueva Escuela Mexicana, por primera vez en la historia de la educación de manera horizontal, inclusiva y democrática centra la confianza en el papel protagónico en el docente, permitiéndole abordar por medio de los lenguajes artísticos otras áreas del conocimiento; en este sentido, únicamente faltaría el papel protagónico del artista, del profesor tallerista que apoye al titular frente a grupo, desde su quehacer en la exploración conjunta con los menores desde la música, el teatro, la danza, las artes visuales y la literatura. De entrada, por decirlo de algún modo, la Nueva Escuela Mexicana ya integra a las artes como parte del campo formativo del lenguaje, a través del español, el idioma inglés y la lengua indígena; de la misma manera, al integrar contenidos sintéticos y analíticos que respetan los saberes previos de las y los alumnos, se promueve la inclusión la cual no solo reconoce la riqueza cultural local y nacional, sino además favorece el sentido de pertenencia y la valoración de las comunidades.
La Nueva Escuela Mexicana por su planteamiento dinámico y horizontal, permite hacer de la escuela y los entornos inmediatos, verdaderos laboratorios de promoción cultural, en donde las artes y sus expresiones resultan determinantes para la formación integral. En este sentido, resulta importante reflexionar acerca de lo que localmente a través del instituto de cultura, está haciendo en materia de educación artística en el nivel básico. Al retomar el PROARTE como un compromiso de campaña de la actual administración gubernamental, se habló de retribuir una “deuda pendiente”. En este sentido, en qué medida esta serie de reflexiones y experiencias, se han puesto en valor para dar un trascendente paso social en aras de la educación artística de Aguascalientes… ¿Existe un diagnóstico claro para atender pedagógicamente esta asignatura urgentemente pendiente? ¿Cuáles son los documentos programáticos que hacen las veces de carta de navegación en términos de música, danza, teatro, artes visuales, literatura y ahora “artesanías”?¿Cómo se relacionan estos documentos programáticos curricularmente con la Nueva Escuela Mexicana? ¿Los cuadros docentes – “profesores talleristas” – están sujetos a una capacitación permanente y, asimismo, tienen acceso y facilidades a la profesionalización a través de la Universidad de las Artes? ¿La selección de las escuelas primarias atendidas, están sujetas a una planeación presupuestal y, al mismo tiempo, a una detección de necesidades? ¿Cuáles son las necesidades sociales parámetro, para que una escuela primaria cuente con este servicio?… Sin dudar de la entrega y preparación de los profesores talleristas, los cuales gran parte de ellos contribuyeron en el desarrollo PROEA entre el 2002 y 2014, es necesario todo un andamiaje pedagógico de respaldo y sustento ante tan noble labor, el cual de los resultados presumiblemente anunciados.
