El avance de precios en servicios y mercancías limita el margen para un eventual recorte de tasas, mientras Banxico monitorea señales de enfriamiento en el consumo.
La inflación subyacente volvió a mostrar resistencia a la baja durante la primera quincena de noviembre, complicando las expectativas sobre la política monetaria y generando inquietud entre analistas financieros.
Los rubros de servicios, alimentos procesados y vivienda se mantienen como principales responsables del avance de la inflación subyacente, que tiende a ser más persistente que la no subyacente. Esta rigidez en el comportamiento de los precios apunta a presiones internas estructurales, como aumentos salariales, costos logísticos y ajustes en tarifas privadas.
A pesar de que los energéticos y bienes importados han dado un respiro por la relativa estabilidad del tipo de cambio, la inflación no cede al ritmo esperado por el mercado. Banxico enfrenta un entorno complejo: por un lado, la actividad económica muestra señales de desaceleración; por el otro, la credibilidad en la lucha contra la inflación sigue siendo un pilar para la estabilidad financiera.
Las próximas decisiones del banco central serán interpretadas no solo en términos técnicos, sino como una lectura del rumbo económico del país. La presión inflacionaria será un factor decisivo para los inversionistas en los meses siguientes.
