Dicen que la música a veces se adelanta a la historia. Que hay canciones que nacen sin saber que, algún día, se volverán himnos de duelo o de justicia.
“Ilusión 98” era solo una cumbia perdida en el repertorio de una banda venezolana. Hasta que una agrupación michoacana, Perla de Michoacán, la rescató, la volvió son, la llevó a un congreso de bandas en Francia… y la hizo universal.
Allá, entre trompetas de distintas nacionalidades, fue elegida como símbolo de hermandad. Ironías del destino, una canción que hablaba de unión terminó sonando como epitafio de un país dividido.
En México, Ilusión 98 cobró un nuevo sentido cuando se supo que era la favorita del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, asesinado a balazos hace apenas unos días.
Cuarenta años, padre de familia, bailador empedernido. Siete tiros lo derribaron en su propia tierra. El asesino, un muchacho de 17 años de Paracho, la tierra de las guitarras.
La imagen de Manzo, herido, intentando moverse en el suelo, nos recuerda que el poder en México sigue siendo un deporte extremo.
Y entonces llegaron los carroñeros. Los “analistas”, los comentócratas ( de ambos lados ) como diría Claudia Sheinbaum, los mismos que opinan de todo y sienten por nadie. Los que hacen del dolor ajeno una pieza de opinión barata.
La muerte se volvió tendencia, y el país siguió su rutina.
Yo mismo, hace un año, estuve cerca de no contarlo. Cuatro jóvenes armados me bajaron del coche en plena carretera, una de las mas transitadas de México, a las 11 de la mañana. Me pasearon por un buen rato, mientras un tipo, por teléfono, les decía qué hacer conmigo.
Y ahí entendí lo que significa el miedo en este país,esa mezcla de lucidez y resignación donde te preguntas, con una calma que espanta, si hoy será tu último día.
Cuando por fin me soltaron, la contadora de la oficina solo me llamó para preguntarme por unos papeles, que me habia dado para un tramite. Ni un “¿cómo estás?”. Ni una palabra.
Ahí comprendí que México no solo está roto por la violencia, sino por la indiferencia y el egoismo.
La historia de Carlos Manzo duele porque es la síntesis de un país que ya normalizó la tragedia.
Un hombre que se enfrentó al crimen, que intentó gobernar con transparencia, y que terminó como tantos otros, silenciado.
Y mientras la gente llora en Uruapan, en la capital anuncian otro “plan de rescate” para Michoacán.Otro.
¿De qué sirve un nuevo plan si los mismos que lo deben de aplicar, negocian con los que deberían combatir?
¿De qué sirve el bastón de mando si nadie quiere cargarlo cuando pesa?
El país se descompone a la vista de todos, y los culpables se esconden detrás del discurso.
Se culpan unos a otros mientras el miedo avanza más rápido que los convoyes de la Guardia Nacional.
Y los ciudadanos, cansados, solo miran, callan o aprenden a esquivar.
En medio de todo eso, Ilusión 98 suena como un eco melancólico.
Una canción sin letra que ahora dice más que cualquier discurso presidencial.
La bailaba un hombre en el que mucha gente veia ycreía en la posibilidad del bien, en la esperanza de un cambio.
Hoy, esa melodía es himno de un nuevo movimiento ciudadano, el Movimiento del Sombrero, que pide justicia, que exige que el crimen no quede impune, que la muerte no sea rutina.
Quién lo diría, una cumbia compuesta hace décadas, olvidada y revivida por una banda michoacana, se convirtió en la música que une a un país herido.
Tal vez ese sea el efecto mariposa que nos faltaba.
Que una simple melodía termine recordándonos que todavía podemos bailar… incluso con lágrimas en los ojos.
Porque, al final, Ilusión 98 no es una canción, es un recordatorio.
De lo que fuimos, de lo que dejamos de ser y, ojalá, de lo que aún podríamos rescatar.
Y mientras suena, solo queda una esperanza, que las nuevas generaciones entiendan que la libertad no se decreta, se siembra y se cosecha.
Que su ilusión sea más fuerte que nuestro miedo.Porque, como dijo Octavio Paz, “la libertad no necesita alas, lo que necesita es echar raíces.”
Quizá ahí, entre la tierra y la música, México encuentre su nuevo comienzo.
Autor: Nico Underwood
