La visita inesperada de Tere Jiménez al CERESO varonil de Aguascalientes expone fallas internas en el sistema penitenciario y envía un mensaje claro a su gabinete: cuando la información no fluye desde abajo, el liderazgo debe entrar por sí mismo.

Por Redacción | elalgoritmo.mx Aguascalientes, 5 de noviembre de 2025
En un hecho poco común dentro de la agenda de un gobernador en funciones, Tere Jiménez realizó un recorrido por el Centro de Reinserción Social (CERESO) para varones de Aguascalientes, donde dialogó con internos, escuchó a familiares y verificó las condiciones del penal.
El acto fue presentado por el gobierno estatal como “una visita inédita”, pero también deja entrever algo más profundo: la necesidad de supervisión directa tras diversas señales de descomposición institucional.
Una visita que no estaba en la agenda
Fuentes cercanas a la administración confirmaron que la visita no estaba programada oficialmente y se llevó a cabo tras reportes de inconformidad entre internos y familiares, quienes denunciaron falta de acceso a atención médica, alimentos en mal estado y supuestos abusos de custodios.
Aunque el comunicado oficial omitió esos motivos, el recorrido de la gobernadora se dio después de varias semanas de tensión interna, que incluyeron revisiones sorpresivas por parte de la Secretaría de Seguridad Pública estatal.
El hecho de que la mandataria haya decidido acudir personalmente puede interpretarse como una llamada de atención a su propio gabinete, particularmente a la dirección de Reinserción Social, cuya labor ha sido cuestionada por organizaciones civiles por falta de transparencia.

Entre la empatía y el control
Durante el recorrido, Jiménez escuchó las peticiones de los internos y de sus familiares, quienes demandaron mayores oportunidades de reinserción laboral y acceso regular a visitas.
En su declaración pública, la gobernadora aseguró que “la dignidad de las personas privadas de la libertad debe ser respetada en todo momento”, y prometió reforzar los programas de capacitación dentro del penal.
Sin embargo, detrás del mensaje humanista, el gesto político es claro: una revisión directa ante la pérdida de confianza en los reportes institucionales.
Visitar un penal no solo implica empatía, sino asumir el costo político de reconocer que algo no estaba funcionando.
Los pendientes del sistema penitenciario
Aguascalientes se ha destacado en los últimos años por tener uno de los sistemas carcelarios con menor sobrepoblación del país, pero eso no significa ausencia de problemas.
De acuerdo con el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2024 de la CNDH, el CERESO varonil estatal obtuvo una calificación de 6.8 sobre 10, señalando deficiencias en atención médica, acceso a defensa jurídica y mantenimiento de instalaciones.
La gobernadora heredó un sistema con rezagos estructurales que no siempre se ven desde los informes técnicos, pero sí desde los pasillos y celdas.

Una señal política hacia dentro
Más allá del acto simbólico, la visita también puede leerse como un mensaje interno: la mandataria no confía plenamente en los reportes de sus funcionarios.
En la administración pública, que un gobernador se vea obligado a revisar personalmente un penal no es un gesto de rutina, sino de corrección.
El recorrido de Tere Jiménez pone bajo la lupa la gestión de su Secretaría de Seguridad y plantea la pregunta de fondo: ¿qué falló para que una gobernadora tuviera que cruzar las rejas para escuchar lo que sus propios mandos no informaron?
En política, las visitas inesperadas casi nunca son casuales.
El paso de la gobernadora por el CERESO de Aguascalientes puede leerse como un acto de autoridad y de sensibilidad, pero también como un síntoma de desconfianza institucional.
Supervisar personalmente no debería ser la excepción, sino la norma; sin embargo, cuando el liderazgo debe bajar a los pasillos del encierro, es porque los canales formales de supervisión dejaron de cumplir su función.
A veces, escuchar en persona es la única forma de saber la verdad.

