Las ocho piezas de la corona francesa robadas en una violación de solo siete minutos valen 88 millones de euros, pero expertos advierten que no pueden valorizarse ni venderse sin destruir su valor histórico y riesgo legal.

Una banda de al menos cuatro personas ejecutó el pasado domingo un atraco en la galería de Apolo del Museo del Louvre, de donde sustrajo ocho piezas de joyería real, recientemente valoradas en 88 millones de euros.
Según la fiscal parisina Laure Beccuau, la cuantía monetaria es enorme, pero “no es en absoluto comparable al daño histórico” causado por el robo.
Entre los objetos sustraídos figuran:
La tiara, collar y pendiente del conjunto de zafiros de las reinas María Amelia y Hortense, el collar de esmeraldas y pendientes que pertenecieron a la emperatriz María Luisa, segunda esposa de Napoleón Bonaparte, un broche-reliquia, un gran broche en forma de lazo y la diadema de la emperatriz Eugénie de Montijo (esposa de Napoleón III).
El robo se consumó en menos de ocho minutos, mediante la utilización de una escalera de mudanzas y motos para huir, lo que da cuenta de la planificación milimétrica del asalto.
La fiscal remarcó que si los ladrones deciden fundir o desmontar las piezas, jamás accederían a la cifra declarada de 88 millones de euros, ya que el valor monetario proviene también de su unicidad, su conexión histórica con la corona francesa y su reconocimiento mundial.
Expertos en recuperaciones de arte advierten que, al tratarse de piezas tan famosas, intentar venderlas enteras es casi imposible sin levantar alertas. Y, al desmantelarlas, pierden su valor “inestimable” como patrimonio.
El museo reabrió sus puertas hoy, después de pasar tres días cerrado por tal acontecimiento.
